martes, 28 de enero de 2014

Como conocimos a la madre y de pasada me acordé de los últimos nueve años de mi vida. Adopta a Barney

¡SPOILERS!

Si no has visto el capítulo 200 de HIMYM- How Your Mother Met Me, mejor no sigas leyendo y comparte la foto de Barney, mi nuevo entenado en adopción.



No ha sido una temporada fácil para HIMYM. Comenzó con un Marshall separado de grupo y rompiendo el tiempo de todos para avanzar escasos minutos en cada capítulo. Los fans se fueron a la yugular de los escritores por el capítulo de las rimas de cuentos y por una madre que aparecía en instantes. Incluso el capítulo Kill Barney / Slapgiving 3, en el que ser retoma el grandioso gag de la cachetada, los escritores y productores fueron acusados de racistas.

"Lo hemos visto tanto tiempo que ni modo de no seguirlo viendo" era la justificación popular.

Yo no estoy tan de acuerdo. Si bien para mí no ha sido la temporada perfecta, la forma de contar la historia y de apachurrar los botones del tiempo y del lenguaje me siguen haciendo ultra fan.

El capítulo de anoche (el 200) generó una inmensa expectación: sería sólo sobre la madre. La madre, el último engranaje del grupo que a los cincuenta y tantos siguen emborrachándose y fumando mota. Por supuesto ya conocíamos a la madre. Pero no sabíamos realmente cómo era, de dónde venía y porqué chingados le haría caso a Ted.

Y resultó que la madre es tan encantadora que hasta hizo que Ted me cayera un poquito mejor. El Flashbackazo de los últimos 9 años estuvo lleno de gags internos como "Do you know Ted?", el bar "puzzels" y el adorable "naked guy". Un Barney ligador y Lily embarazada se mezclan con el atado de pistas que nos indicaban que la madre siempre anduvo por ahí. 

¿Qué más puede pedir un fan?

Entonces comenzaron mis propios flashbackazos. De lo que hacía y cómo era cuando soltaron cada pista sobre la madre. Dónde lo vi, a quién le conté mi trauma. Cuando regalé una piña de cumpleaños. Cuando me aplicaron el "naked guy". Cuando estando "on drugs" convencí a mi maridaje de ver una serie tan "pop". Cuando ensayábamos aplaudir juntos sin vernos. Y llegando hasta el penúltimo capítulo cuando me dijo: "no platicamos del último HIMYM". 

Hace tiempo en quora leí una pregunta de porqué HIMYM es tan popular. La respuesta con más votos era por los personajes. Que eran una extrapolación de lo que somos y lo que queremos ser. Ahora pienso que es por lo que somos y éramos cuando la pinche serie pasó.

En marzo voy a chillar bien cabrón.

miércoles, 22 de enero de 2014

Last Chance To Dance - Foo Fighters 11/12/13

Érase una vez cuando yo era alguien más
hoy me vi en esa otra vida, en ese entonces
 cuando era nuevo.
En algún momento comencé a resbalar
 y los años pasaron mordiéndome los labios.
Ahora estás por tu cuenta, dimos vuelta a la página
 la aventamos sobre la colina y a través de los tiempos
dime ahora, ¿mi paraíso arde como un infierno en tí?
Conteniendo la respiración, esperé y esperé
¿Cómo una vida sencilla se vuelve tan de pinche complicada?
Zapatos por llenar, secretos que derramé por ti.
Hoy justo debajo de las grietas
vienen en oleadas como en un terremoto.
Dime ahora, dime Sr. Neta
¿Tienes un chingo de valor?
Voy a mostrarte un pedacito de mi espina dorsal
¿Por qué no lo haces tú?


Back & Forth. 
Foo Fighters

La noche del 11 de diciembre de 2013 no tiene nubes. El aire en la Ciudad de México se cuela a través del escenario del Foro Sol. Ninguna de las 40 mil personas amontonadas en dos secciones siente frío. A las nueve y media, los gritos y chiflidos para el staff fueron sustituidos por esa cosquilla que da en el corazón cuando la anticipación alarga el tiempo. Entonces sale la guitarra azul amarrada al cuerpo vestido de negro. La banda toma su lugar. Una brisa le levanta el pelo y Dave alarga la nota de las guitarras. El escenario parpadea y las cámaras se levantan sobre las cabezas.

En la segunda sección está un hombre con canas en las sienes y durante tres segundos, sus pulmones se quedaron sin aire. Por un instante, pensó que esa nota sostenida era la entrada de In Your Honor. Pero cuando el ritmo cambió y en vez de preguntar Can you hear me, hear me screaming?, afirmó: These are my famous last words!, Manuel volvió a respirar.

Al frente, la multitud se azota como si fuera una ola contra el escenario. Hay apachurrones, codazos y pisotones. Por eso no lo ve Manuel, quien ya está en el 2005, googleando In Your Honor Foo Fighters. Encuentra algo en un blog y cinco días después sigue leyéndolo en el trabajo. ¿Quién esta Buttercup? se pregunta. Y para averiguarlo le escribe un email: No tengo el gusto de conocerte pero… La respuesta (o algo parecido a una respuesta) llega algunos chats, mails y un viaje a la Ciudad de México para conocerla. A pesar de haber llegado a sus treintas, Manuel seguía sintiendo ese hoyo en el estómago en cuanto a mujeres se refiere. La multitud brinca y Manuel recuerda el concierto en el Black Horse, las cervezas, el beso robado y el cuarto en la penúltima planta del hotel desde donde se veía las luces de la ciudad y las sábanas blancas donde le besó el cuerpo completo, comenzando desde los pies.

Sin música, Dave da un grito largo. Recibe el mismo grito. Da un grito corto. Le responden otro igual. Toma un trago a su Corona y eructa. Los 40 mil lo celebran. Dice: sentimos mucho haber tardado tanto tiempo en venir. Pero hoy tocaremos hasta que no podamos más. La gente responde con gritos, aplausos, brincos, besos y lágrimas. La intensidad de la respuesta no baja cuando presenta a Chris, Rami, Pat y un reticente Nate que odia a los solos, pero toca el bajo porque la gente lo exige. Taylor en la batería, queda al final y saluda: “Hola amigos and amigas”. La complicidad de Taylor y Dave se desborda cuando cambian puestos. La cámara enfoca a Dave, liderando desde la batería con una sonrisa y masticando un chicle blanco.

Con Dave en la batería y un rubio cantando, Jorge escucha los acordes deSmells Like Teen Spirit en lugar de los de Cold Day In The Sun. Entonces, el adolescente que era en 1994 lloró. Ya no se siente en edad de andar en conciertos y apachurrarse contra otros. Es lo que cobra el haber vivido mucho, muy rápido. Desde sus veintes que ya no le interesan las multitudes, el ruido y la gente en general. Desde su lugar frente a la pantalla derecha, recuerda ese abril en un balneario con Maetzin. Flacuchos, ojerosos y con el pelo desaliñado, parecían hermanos… muy a su pesar. Aquel día Maetzin le dijo otra vez que no. Este día no puede ser peor, pensó. Aún no sabía que Kurt Cobain estaba muerto. Cuando volvió a casa y su hermana se lo dijo, no podía dejar de llorar.

Cuando comienza Stacked Actors, Dave dice que esa no es una canción de amor. Algunos piensan que es una canción para Courtney Love y todos aquellos cantantes que son una pose y que sólo quieren el glamour. Tal vez por eso la guerra de guitarras a media canción, el correr tocando por el escenario y la pasarela y Taylor apretando la quijada en cada batacazo. La banda se entrega y en el último grito muere y vuelve a renacer en los primeros acordes de Walk. ¿Sabrán que lo mismo sucede todos los días en la Ciudad de México? Se abren más calles en el piso, debajo de él, en el aire. Las bicis usan la vía del metrobús. Hulk se encuentra frente a frente a Zapata y Villa frente a la mansión de los azulejos. Un Santa pequeñito trepa por los departamentos de Isabel La Católica y en el metro, hay que brincarse el torniquete a petición popular. En el Zócalo hay susurros de revuelta social. Los designios de Huitzilopochtli de sacrificarse, morir y renacer se cumplen día a día en esta ciudad.

A Sara no le gusta Best Of You. Le duelen sus preguntas. Desde su lugar en medio de la primera sección, sabe que es la canción que sigue porque Dave se calla. Entonces recuerda cuando rentaba una habitación en Madrid y sólo veía el canal de videos en la televisión. Ya habían pasado tres meses desde su mudanza y seguía echando de menos a sus mexicanos. Fue en uno de esos días que lo vio por primera vez: ese close-up al micrófono estilo 50's al que unos dientes y una barba se acercan a gritar “I´ve got another confession to make”. Poco a poco se distinguen unos ojos, un rostro que preguntan: Were you born to resist or be abused? Arranca la batería y comienzan los flashazos: explosiones, niños jugando y abrazándose, un auto que choca, un león que caza un águila en vuelo, un recién nacido que llora, un cementerio, una pareja que se besa. Y la banda completa tocando como si tuvieran la obligación de destruir los instrumentos.

La fuerza de la música, la imagen y la letra la impactan. En la computadora prestada descarga todo el disco en Limewire. Es el mejor puto disco que he escuchado en mi pinche vida, le dice a Eduardo por messenger una noche. Hay burra, cómo no conocías a los Foo Fighters contesta él. La conversación se termina con acá ya es bien tarde y mañana tengo escuela. Un cuídate y dos adiós.

Días después comenzaron las llamadas transcontinentales en las que la voz grave y borracha de Eduardo le preguntaba una y otra vez: Is someone getting the best, the best, the best of you? Ella decía sí. Él volvía a preguntar gritando un poco más: Is someone getting the best of you? Ella decía que no. Nunca supo si era una acusación o una reflexión o si había una respuesta correcta. Como sea, la pregunta que le atormentaba durante todo el día era Were you born to resist or be abused?


El escenario está obscuro y sólo una luz ilumina a Dave, que está en la orilla de esa larga plataforma cantando en acústico. Un brassiere rosa aterriza a sus pies. Los de general A se conforman con verlo en las pantallas que empalman su rostro con la luna. Poco a poco, las estrellas se encienden en el piso. Las parejas se abrazan entre el olor a mariguana. Los 40 mil corean y se bordan en la piel esos acústicos It’s times like these you learn to live again / it’s times like these you give and give again. Dave tiene a los 40 mil en la punta de sus dedos cuando las guitarras gritan y el escenario se incendia. Alguien le avienta la guitarra azul y corre por la plataforma para plantarse frente a la banda. La emoción desborda el llanto y vuela la cerveza.

Es la segunda vez que la banda regresa en esa noche. Dave pregunta: Do you want more? Junta las palmas de sus manos frente a su pecho y por primera vez en casi tres horas, la voz se le quiebra al decir Thank you very, very much. Toma su guitarra y comienza el riff de Everlong. Hello, I´ve waited here for you le dicen los 40 mil. Manuel, Buttercup, Jorge, Maetzin, Sara y Eduardo brincan al mismo tiempo cuando Dave les advierte: This is it! Last chance to dance!

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Guía no ilustrada para emitir facturas electrónicas y hacer poquito menos coraje

La empresa en que trabajo está en el negocio de factura electrónica. Debo confesar que es un trabajo extremo y nunca aburrido ya que el SAT saca sus reformas fiscales a finales de noviembre, para comenzar el año con los nuevos amarres y hay que ajustar las aplicaciones. La cosa laboral se complica con esa maldita costumbre de celebrar navidades y año nuevo con la familia de fueras.

Este año se está poniendo especialmente chingüengüenchón ya que sólo se quedará un esquema de facturación electrónica por internet (CFDI) y todos los que quieran deducir impuestos debemos seguirlo. Los tiempos de impresoras y papel se terminaron, amigosh. Como computita, los retos que presenta han sido tan emocionantes como ver Star Trek into the Darkness en Macropantalla, 4D y disfrazada. Ya dije, soy ñoña. Bueno a lo que voy es que los retos técnicos de volumen y performance están cabrones y combinado con el hecho que si una empresa no factura, no traga, pues ya se imaginarán la presión. Lo bueno es que somos bien chingones.

Como sea, he aprendido más de una cosita en lo que facturación electrónica se refiere. Y gracias a mi maridaje que ha comenzado a cobrar regalías de sus libros *Rox se prepara para ser María Kodama*, he vuelto a vivir la burocracia de hacer el trámite en el SAT. Algunos tuiteros (dos) tenían dudas y decidí escribir sobre esta tramitología. 

Nota: sé que pagar impuestos es una chinga, que México no está preparado, que la mamá de los diputados, que la reforma energética, que el SAT nos acosa, que me rompen las macetas. Por favor, llévense sus quejas a tuiter, aquí nomás les explicaré lo que deben de hacer.

Se llama facturación electrónica porque ahora la factura es un archivito con extensión XML. Lo puedes abrir con notepad (o vi *blink blink*) y podrás ver que contiene la información que antes escribías en tu recibo: emisor, receptor, conceptos, totales, impuestos, etc. Sin embargo, para que ese archivito sea legal, debe estar firmado por ti y por un PAC autorizado. A esto último le llaman “timbre”. Ya no es necesario tramitar folios, ya que estos quedan únicamente para referencia de tu sistema administrativo o excel o secre. Al XML comúnmente lo acompaña un PDF que es para que los mortales puedan leer el los datos del XML; pero el chido y el que debes guardar como tu porno es el XML. 

Estos archivitos XML ya tienen un rato usándose y la diferencia en el 2014 es ese timbre, que se da por internet. Muchas aplicaciones ya tienen su timbrado y la verdad, te ganarías problemas de impotencia sexual si como honorista quieres comprar “sólo el timbre”. Entonces, busca una aplicación que ya lo haga y compara precios y diferencias. La más chula es MisFacturas.net.

Cualquier aplicación te pedirá tu CSD que obtienes con la FIEL para poder hacer tu XML. Así que tooodos los pasos son estos:

1. Si no la tienes, obtén tu FIEL. 

1.1 La FIEL se obtiene en las oficinas del SAT (de preferencia haz una cita para que te den una ficha) y debes llevar un requerimiento y solicitud elaborada. Báñate, peínate y ponte desodorante. Hay fotos encuerado, huellas, retinas y firmas digitalizadas. No es muy tardado, unos 40 minutos. Y sí, es trámite personal, no te lo hace ni tu contador ni tu mamá.

1.2. Saldrás del SAT con sensación de haber sido fichado de por vida y con tu USB con 3 archivitos que conforman tu FIEL. Un archivo *.cer que funciona como tu clave pública; un archivo *.key que funciona con la clave privada y un password. Ponlos en una carpeta que diga FIEL y guárdalo en un lugar seguro. Compártelos sólo con tu mujer. 

2. Obtén tu CSD usando la FIEL

2.1 Utilizando la FIEL podrás obtener tu Certificado de Sello Digital en la comodidad de tu casa u oficina. Puedes tener a tu contadora en las piernas, pero por favor, usa internet explorer. Acá está la información del SAT

2.1. Es probable que ya tengas un programita de escritorio llamado SOLCEDI, porque lo usaste para requerir tu FIEL. Pero ahora tienes que solicitar tu Certificado de Sello Digital (CSD). Con los archivos que genera, entras a CERTISAT, los subes y obtienes tus certificados (yeiiii)

OJO: los CSD también están conformado por los mismos 3 elementos de la FIEL; por eso, es común que la riegues introduciendo la FIEL cuando solicitan el CSD o viceversa.  Guárdalos en diferentes carpetas y ya la hicites.

Si no puedes obtener tu CSD corre al SAT para que revisen tu situación fiscal u otras rarezas que los computitos del SAT no te dicen por no persistir los asserts hasta la capa de presentación *chacapuncuaz*

2.2. El SAT se tarda hasta 72 horas en publicarlo tu CSD y hasta que esto no esté hecho, tu PAC no podrá darte un timbre :(

3. Genera tu factura electrónica en tu aplicación favorita

Y bueno, el comercial: Mi grandioso equipo y yo desarrollamos MisFacturas.net, está en la nube, te sirve de bóveda fiscal, puedes validar los comprobantes que recibes para asegurarte que no sean espurios, controlar tus pagos, exportar a Excel y otras monadas. 

Tengo que ser honesta y decirles que la generación de CFDI (XML y PDF) es gratuita ya que por ley estamos obligados a tenerlo. Pero si eres distraído te conviene contratar un plan, de lo contrario nuestro demonio linuxero borrará tus CFDI a los 3 meses juajuajua.


Cualquier cosa me dejan un comentario a @jeri4queen. Y si alguien se suscribe y le gusta o no le gusta dígame.


Mi superteam en uniforme oficial

jueves, 17 de octubre de 2013

Historia de una mujer que se hace pasar por valiente cuando en realidad es infiel

1
En la primaria tenía una compañera que decía que cabello es el de la cabeza y pelo el de todo el cuerpo. La niña fue mi némesis hasta cuarto.  Sólo por molestarla, yo le decía que eran sinónimos. Sin embargo, ella tenía algo de razón: la raíz latina de cabello es capillus, de la misma raíz que caput, cabeza.

Sin embargo, las palabras que indican la falta de cabello o pelo han tenido a través del tiempo diferente significado: pelado y descabellado.  Mientras que “pelado” se denomina a aquella persona vulgar, de modales corrientes y clase baja, “descabellado” es aquel que hace cosas que van en contra del orden o la razón.  Un insensato.

2
Los judíos jasídicos lo llevan en caireles junto a las patillas por mandato bíblico.  Las monjas y las mujeres islámicas lo ocultan bajo un manto.  Ya no es obligatorio que los jueces ingleses lleven esa peluca blanca llena de rulos del siglo XVIII. Las tribus urbanas también hacen del cabello una forma de manifestar sus principios: los punks lo cortan de los lados y los peinan en picos hacia arriba. Los emos, menos enojados que los punks lo alacian hacia el frente, procurando tapar una parte de la cara, en especial los ojos. Los rastafaris llevan dreadlocks o rastas para enmarcar su mensaje espiritual y naturista. A las mexicanas nos enseñan que el pelo de mujer debe ser largo.  Largo hasta la cintura.

3
Para las mujeres, el pelo hermoso y perfecto sólo lo tiene la de enfrente.  Excepto si eres Jennifer Aniston.

4
Orange Is The New Black es una serie de televisión que se desarrolla en una cárcel para  mujeres. En la serie, cada reclusa tiene un look de acuerdo a su personalidad: Nicky tiene una actitud desafiante que comienza por los ojos negros y rabiosos y termina por el pelo largo y alborotado. Las raíces negras empujan el crespo rubio. Al verla, pareciera que en la cárcel no existen los cepillos. Pero no sólo hay cepillos, también hay un salón de belleza comandado por un travesti, Sophia. Red, la jefa y mandamás de la cocina lo tiene corto y pintado rojo sangre, para que no te olvides que puedes quedarte sin comer si ella lo decide. Piper, la protagonista rubia, usa un pelo corto y aburrido.  Una melena sin chiste comparada al pelo largo y peinado con trenzas y coletas que utilizaba cuando era narcotraficante.  El “era” es importante, ya que Piper, blanca, protestante, educada y en una relación estable, paga por un pasado ilegal al que la arrastró Alex, su examante, a la que reencuentra en la cárcel.  O al menos, eso quieren creer ella y su novio. Conforme avanzan los capítulos, nos damos cuenta que Piper sólo se cortó el pelo.

5
La estética entre semana. Los únicos hombres son gays o menores de 6 años. El chismorreo de la “revista” televisiva es un susurro comparando con lo que se habla entre tijeras, planchas y secadoras. La conversación se alterna entre chismes, modas y hombres en sus distintas denominaciones: hijos, maridos, novios y amantes. Ante la votación popular, ellos son los culpables y las que tienen químicos en el cuero cabelludo, las mártires y poseedoras de la razón. 

La estilista como una especie de cura / bar tender que escucha, reconforta y regaña. La silla frente al espejo, como un segundo (y amañado) confesionario del que cuando te levantas, no sólo tienes un nuevo look, también consigues el perdón.

6
El pelo largo que cae desordenado sobre los hombros, que mal oculta los pezones obscuros, erectos. La rendición sexual de la mujer comienza con su larga y abundante cabellera que cae desordenada en la cama. Dedos masculinos traspasan las hebras lacias y negras o jalan los rulos pelirrojos o acarician el delgado pelo rubio. 

Lo único que importa es que esté suelto y que sea largo.

7
Serle infiel a la estilista se paga caro.  A veces, hasta 10 centímetros de largo.

8
"Es hora de declarar que esta es una historia autobiográfica, y por lo tanto profundamente sincera."


Margo Glantz
Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador

9
Celebré mi cuarto cumpleaños en Chapultepec. No tengo recuerdos de ese cumpleaños, pero tengo un video en el que salgo con un vestido café que llegaba a la pantorrilla. El vestido tenía unas cuatro capas de tela; la de encima era una gasa vaporosa, con holanes en las puntas y en las mangas.  Sin embargo, lo que más me gusta de esa imagen es mi pelo peinado en dos colitas a un lado de cada oreja.  No eran colitas muy altas, pero si largas: llegaban a media espalda.  Mi pelo siempre ha sido grueso, lacio y castaño. Y pesado, muy pesado.  Si lo ataban en una sola cola, me pesaba.  Mi mamá solía estirarlo hacia atrás para atarlo, por eso rara vez andaba despeinada. Lo estiraba tanto, que mis ojos se hacían de “chinita”

10
“Qué le hiciste a mi pelo” me dijo alguna vez un ex.  Y sólo porque lo dejé en una melena sobre los hombros.  Porque a veces el pelo femenino no pertenece a las mujeres.  Pertenece a un ritual amatorio posesivo.  No es extraño ver ante una ruptura sentimental, a mujeres que cambian drásticamente el look. Ante la incapacidad de cortarle el pito, nos cortamos ese pelo que él adoraba. Si a él le gustaba el pelo negro, lo pintamos rojo.  Si le gustaba chino, lo alaciamos.  Lo importante es el mensaje: tú no mandas más, me libero de ti (aunque por las noches sigamos llorando)


11
A los 3 meses de vivir en España, me mudé con Vicky, una peluquera. (Así les dicen allá a las estilistas). Tenía veintitantos años, de piel blanquísima y pelo rubio artificial. Sensible y ruidosa, Vicky me adoptó como su amiga-mascota. Se burlaba de mi acento y me enseñaba a hablar gachupín. 

Antes que mi pelo pasara por su navaja, lo traía casi parejo y unos centímetros bajo los hombros. Cuando llegué a la escuela con su corte, mis compañeros me miraron asombrados. ¡Qué bien te ves! Vicky lo había cortado en capas y el aire de inicios de primavera acomodaba sus puntas hacia afuera sin necesidad de secadora.

Comencé a cambiar mis pinches y chingados por joder y me cago en. Mis pantalones de mezclilla por vestidos y faldas. Cuando llegó el verano y volví a casa con el pelo rojo, la principal “observación” de mis amigos y familiares fue que estaba demasiado gachupina.

12
Creo que es momento de confesar que le fui infiel a mi estilista.

13
Desde hace un año que intento tener el pelo largo.  No mucho, un poco por debajo de los hombros.  Gris, mi nueva estilista, también lo corta con navaja y dando la espalda a espejo.  Así que no soy testigo del cambio, sólo puedo ver el resultado.  Y el resultado de mi último corte fue dramático.

Corto. Muy corto. Tan corto que la parte de la coronilla quedaba con un parado “punk”. Tan corto que no podía meter mis dedos entre el pelo y sentir una melena. Tan corto que hasta los hombres de la oficina se dieron cuenta que me había cortado el pelo.


La opinión general fue positiva. “Valiente” dijeron algunas. Yo no lo quería así, replicaba a pesar de saber que me veía bien. Es como uno de esos trastornos psicológicos en las que se percibe una realidad distorsionada. Hay algo en mis neuronas que rechazan lo que me regresa el espejo.  Porque me veo y veo a las monjas del colegio y a las señoras cincuentonas que se resignaron a vivir sin menstruación y sin cabello. 

miércoles, 2 de octubre de 2013

Un gallito de torrents, por favor

Games of Thrones

Le regalé a mi papá el HDTV en donde veíamos las series que mi Maridaje y dealer torrenteaba. Con rasputina, no lo necesitaba más. Viajamos a Guadalajara con nuestro DD repleto de las series que hemos visto. En la computadora de mi papá dejé aquellas que pensé que podrían gustarles: Games of Thrones, Mad Men, Luther, Louie, Downton Abbey, etcétera. Mis papás tienen cable, sin embargo nunca han sido serie adictos. Cuando vivía con ellos, veían Friends y demás sitcoms que nosotros veíamos. Pero las series hard core, nunca las habían visto... hasta ahora.

Como dije, les conecté el chunchito a la tele y les enseñé a utilizarlo. Vimos algunos videos y fotos de la nieta/sobrina también. Entonces les dije: comiencen por Game of Thrones, es el evento televisivo de la dé-ca-da, aseguré. Un mes después, mi papá me llamó al celular en horas de trabajo. Nunca lo hace, a menos que sea una emergencia. 

Su voz temblaba: Hija, me dijo sin saludarme, ya no podemos ver Game of Thrones, se traba, es el episodio 9 de la segunda temporada y ¡el 10 inicia y también se traba! Cómo se llama el archivo, a ver, puedes abrir otro, a ver, cuánto mide. Aunque mi papá ha tenido computadoras, el iPad vino a llenar sus necesidades informáticas. Con el iPad no se tiene que preocupar por sistemas de archivos y programas de reproducción. Su compu está arrumbada y polvorosa. Así que explicarle cómo torrentear fue causa perdida y decidimos subirlo a Megaupload. Un día gracias a Infiernitum. Y al bajarlo igual, montón de problemas. Así que tuvimos que llevarle la tercera temporada en coche.

Ojalá hubiera estado con ellos cuando vieron The Red Wedding. Mi mamá es de esas que brincan, gritan y blasfeman cortando las groserías cuando una trama les apasiona. Un domingo me dieron la noticia de que ya se les habían terminado los Games of Thrones. Danos más, exigieron. Todos queremos más, les dije, desafortunadamente, hasta el siguiente año hay más. Le pregunté a mi mamá qué le había parecido el episodio y dice que lo del bebé fue lo más feíto. Mi papá dice que mi mamá grito ¡Noooo, el bebé noooo!

Sopranos

Estamos volviendo a ver The Sopranos. The Sopranos fue la serie con la que nos estrenamos como serie-adictos. Mi Maridaje, que es el dealer y curador al mismo tiempo, es quien propuso verla otra vez. Y yo, que lloré como amante rusa abandonada cuando Gandolfini murió, dije madonna, sì, per favore! capuchino! 

La primera vez que vimos la serie ya había terminado. Nos compramos un reproductor de DVD y nos suscribimos al Blockbuster. Suena que fue hace mucho, pero son un poco más de 3 años. Los días de promoción (¿martes?) rentábamos una temporada de la serie. Y después íbamos a la Comer a comprar pasta y vino. Una semana después, repetíamos el ritual. Pasta, vino y mafiosos para toda la semana.

El final de la serie terminó con un no-mames-qué-pedo y 2 kilos extra.

Pero como dije, la estamos volviendo a ver. Esta vez torrenteada. Es curioso lo que yo recuerdo y lo que mi Maridaje recuerda de la serie. Por ejemplo, yo me acordaba perfectamente que la hermana había matado al novio mafioso porque le había pegado. Y de la violación de la Doctora Melphy y cómo tuvo un arma en la mano (Tony) y no había hecho nada. Son escenas fuertes, de violencia contra las mujeres. En cambio, mi Maridaje sólo se acordaba que mataban a Pussy.

En fin, la serie es tan pinche buena que a pesar de que sé qué va a pasar, me pongo nerviosa. Como en la lancha donde matan a Pussy. Supongo que era el movimiento de la cámara. No sé.

Y claro, a nuestra canasta básica agregamos pasta y vino. What you want me to do?

Breaking Bad

Se acabó. Yo quedé contenta con el final. Cerró esos flash-backs con los que comenzaron cada una de las partes de esta temporada final. Además no se olvidó de los junkies y de Hank. Pero sobre todo, la escena final entre Walt y Jesse. Más allá de los balazos y la muerte, la relación entre estos dos es la que marca a la serie. Ese estire y afloje entre te mato y te cuido es BIEN PINCHE BONITA.  Ya quiero que pasen 3 años para volver a verla, snif.

viernes, 16 de agosto de 2013

Otro viernes, otra semana que no sé donde quedó

Los viernes salimos a las 5.  Yo casi siempre me voy a las 6 que es hora en que comienza el círculo de lectura al que asisto y que está a minutos de aquí.  

La oficina está casi vacía.  A veces, me pongo a platicar con los que se quedan.  Otras veces trato de ordenar las cosas para que el lunes no me agarre tan en curva.  

Termino la semana sintiendo que no hice nada y viendo el chingo de cosas que faltan por hacer.  Así que veo mi calendario: 15 horas de juntas.  El lunes entregamos un fix, el martes ajustamos los cambios, el miércoles volvimos a replanear, el jueves se fueron dos ENORMES compañeros y hoy... 




viernes, 9 de agosto de 2013

No-Reseña de Before Midnight

Ya está Before Midnight en el cine, me dijo mi Maridaje hace una semana. Pues el domingo SIN FALTA hay maratón de Before Sunrise y Before Sunset en la casa, le contesté amenazándolo con el dedo amenazador. Hace algún tiempo había intentado que viera Before Sunrise pero no tuve éxito. El fin de semana que pasó tampoco lo tuve. Y es que como los viejitos que se salieron a media función el miércoles, las películas no son para cualquiera o para cierto estado de ánimo. La principal crítica es que los protagonistas tienen diarrea de palabras. Supongo que esa gente nunca ha tenido la necesidad de hablar y hablar con alguien y no querer rendirse ante el sueño o la vida diaria para seguir hablando. Y más con un deadline puesto por el movimiento de rotación.

La cuestión es que, para quienes veneramos Before Sunrise y Before Sunset, Jesse y Celine existen. Ellos saben (porque nos lo han dicho) lo que sentimos con respecto al amor, a lo que la familia y la sociedad espera, de los miedos y locuras. Crecimos con ellos y más de uno de sus diálogos nos provocó un dolor en el corazón. Hace unos cinco años, veía una y otra vez la escena de río Senna y del automóvil de Before Sunset. Lo hacía en calzones y camiseta sobre mi cama. Me terminaba una caja de Kleenex, tiraba los mocos al piso y abrazaba a Scampi. Con Before Sunrise mi relación fue menos dramática. Por supuesto, está el factor mochilazo europeo al que fui tan afecta durante mis veintes y las fuertes y efímeras relaciones enmarcadas en paseos por ciudades que no he vuelto a pisar.

El final de las dos primeras partes es ambiguo: tal vez estén juntos, tal vez no. Por eso, evité a toda costa spoliarme. Before Midnight comienza con un Jesse tratando de comunicarse con su hijo preadolescente. Están en un aeropuerto debido a que el chamaco tiene que volver a Estados Unidos. Ok. Jesse se divorció. El mocoso, como todos los escuincles de su edad, contesta con mujidos a su padre. Y pude sentir el dolor de Jesse. Ese dolor del que decía que si lo tocaban se iba romper en moléculas. Pinche Celine, ¿dónde estás? Con un "este ha sido el mejor verano de mi vida", "prefiero que no vengas a mi recital de piano" el mocoso le rompe la madre a Jesse, quien sale cabizbajo de la terminal. Entonces comienza un valz. Un valz que casi puedo jurar que era el que le cantó Celine en su apartamento de París. Ahí comencé a llorar. La escena cambia al estacionamiento, donde vemos a Celine recargada en un auto compacto hablando por teléfono.

Celine sigue hablando en francés cuando el coche arranca. En la parte de atrás hay dos niñas de unos 7 años dormidas. Después nos enteramos que una de ellas se llama Nina y la otra Ella. Nina por Nina Simone, la que imita Celine cuando Before Sunrise se termina y una grita "¡no mames, se quedan juntos!". 

¡No mames, se quedaron juntos estos 9 años! Grité sin gritar apretando un poco más la mano de mi Maridaje, sin saber si entendía un carajo. Entonces comienza la habladera. Entre el dolor de Jesse por perderse la vida de su hijo y el nuevo trabajo (muy posiblemente) insatisfactorio de Celine. Entre robarse la manzana de las niñas y no detenerse en las ruinas griegas.

El close up dentro del auto compacto asfixia. Creo que es a propósito. Sobre todo cuando Celine sentencia que en ese momento comienza la cuenta atrás de la bomba que detonará la separación. En el coche les vemos las arrugas, las bolsas en los ojos, la piel que ha dejado de ser lozana. Pero entonces se sonríen y juguetean ante la cámara del celular y vuelves a verlos coqueteando en el tren.

Lo bien que hace Celine como madre (y general de la tropa) impacta. La feminista, mujer profesional y... ¿madre? Después me enteré que no sólo yo estaba en shock: ella misma está en conflicto. Después de tantos años, es la misma veinteañera que vive en el eterno choque de la mujer independiente y aguerrida, el amor hacia su familia y la realidad. Y lo loca histérica no se le quita. La misma explosión de París la tiene ahora en la habitación, con las tetas al aire para que nos pegue más fuerte la realidad: podemos pasar de la excitación sexual a la insatisfacción y cotidianidad que enmierdecen el día a día. 

A pesar de haber perdido lo rojo de su barba y pelo, Jesse es el mismo niño que ve a la abuela en un chorro de agua y que hace cuentos de amigos imaginarios que vuelven cuando tienes cuarenta. Ahora disfruta del éxito de escribir y también lo sufre. No es un hobby, sabes? le dice a Celine que le recrimina su ausencia. Jesse, a pesar de no haber perdido ese toque infantil, se mueve mejor ante la realidad, aunque no sabe cómo solucionar la ausencia de su hijo.


Al final, el Jesse que volvió a Viena 6 meses después, es el mismo que vuelve y no los deja vencerse. Un "ya no te quiero" no lo quiebra (al menos no por completo) e inventa el viaje con el que cierra la película. Un viaje en tiempo para entregar la carta que la Celine de ochenta y tantos años le escribe a la Celine del Peloponeso.  En ella le dice que en ese lugar tendrá el mejor sexo de su vida. Ese sexo que, dicho por ella se reduce a kissy-kissy-tity-tity-snore.

No sé si llamarle una esperanza "madura" o "real"; la cuestión es que sabes que la vida "adulta" y en pareja está muy lejos de lo que soñaste en los veintes.  Que la cotidianidad, la amargura, las recriminaciones y engaños pesan demasiado.  Y dentro esas desesperanza-esperanza hay algo (que podría se hasta cobardía) que los mantiene juntos. El clásico perdiganar.

Entonces lloramos porque después de tanta realidad, tantos pasitos siguiendo (niños), trabajos extenuantes,
días en el que solo se piensa cuando se caga, compromisos, exmujeres histéricas y ausencias, hay espacio para otros viajes, atardeceres y amaneceres en el que estarán juntos, aunque uno respire aire y el otro helio.

Por supuesto, amé la película. Y mi Maridaje también, aunque haya sido tan burro y no haya visto las primeras dos.

****UPDATE****
Dos días después, mientras cenábamos una sobrevaluada hamburguesa, mi Maridaje y yo seguíamos hablando de Before Midnight.  Entonces le dije amenazándolo con mi dedo amenazador: pues las vamos a volver a ver, aunque ya hayas visto la tercera.  Pero ya se de qué van, lo leí en internet me dijo.  Y le comencé a cuestionar sobre escenas clave y sus respuestas eran bastante cercanas a las correctas. Entonces me comentó que las había visto un día antes de ir al cine.  (Yo tengo los DVDs)

Me había engañado.

Sólo es una película, pero son mis películas favoritas del mundo y me robó el comentarlas con él.  De vuelta a la casa, le hice drama con las chichis al aire, que es la forma que desde ahora haré drama matrimonial. Snif.

miércoles, 17 de julio de 2013

Ora me toca el turno nocturno

(Y luego se quejan de que nos llamo computitos)

Son las 11 de la noche.  Traigo pantalón de pijama de cuadros rojos y azules modelo payaso y una playera roja deslavada de mi maridaje.  No traigo brassiere y no quiero saber cómo traigo el rimel del día embadurnado en mis ojeras.  Pero en unos 30 minutos, me tengo le levantar, ponerme vestido y botas, pintarme, peinarme y salir a trabajar.

La verdad no hay mucho que yo pueda hacer en el trabajo, ya saben, los jefesillos nomás están para chingar.  Pero igual no podría dormir.  

Todo comenzó en septiembre.  Si no firman a principios de octubre, ni a madrazos acabamos el desarrollo para antes de la posada, dijimos.  Y es que después de la posada, no aseguramos que haya computitos.  Firmaron, le chambeamos.  Comenzaron las preocupaciones, las noches sin dormir, el cómo le hacemos, ya nos atrasamos, quien chinga a Intel, cómo bateamos todo lo demás, ya se fue uno del equipo, la regamos con la versión de la plataforma, que si hicimos las pruebas. Que sí, chingao. Que si llegamos al rendimiento de chorromil por segundo. Que a veces. Que sí hicimos pruebas. Y la latencia que es culpa del internetz lleno de gatitos. 

Diciembre. Posada. Que dice el cliente que siempre no.  Que dice Lolita que da prórroga.  Borrachera de cualquier modo.

Desde enero estamos listos, pero no tranquilos.  Más pruebas. Sí. Mejor. Más vale.  No hay que confiarnos. Más cambios porque el cliente, que tiene sus propios desarrollos, los desarrollos de otros y sus empleados en desarrollo.  El cliente no está listo y todos estamos al borde del infarto hipoglucémico porque parece que a la gente le falta un protocolo.  Total, para abril o para mayo como dice esa canción de la que sólo me se esa parte. Primero de julio quisimos decir.  Pon a replicar y cambia la arquitectura pa que no se enoje Lolita. No podemos después de julio, Lolita se enoja.  

Para el 10 de julio, ahora sí segurooo. Y como pasaba en los transbordadores, en el T-12 se cancela el paso a productivo. Julio 17, cambio de NFS, baja a los gatitos del internetz. Actualiza y espera... 12 o 12:30 am.  

(Me voy a trabajar)

Ya en el trabajo, llovió en este lado de la ciudad. El poli tarda en abrirme y me piden la identificación del trabajo.  El fotoshop de los de diseño lo hace desconfiar de mi cara.  Ah y además me corté el pelo de niño.  Sí es ella, la que no le funciona el dedo, gritan desde arriba.  Entro, mi equipo y su cara de dormidos ya están acá.  Mando a la chingada unos bugs, reniego de otra instalación. Tuiteo.

12:27 : T-3 mins

viernes, 3 de mayo de 2013

Rasputina, mi nueva computita :)

Una de las ventajas de trabajar en un lugar lleno de computitos obsesionados por tener el último foquito de la tecnología es que me entero de primera mano cuál es ese último foquito. Otra ventaja son los correos homoeróticos, pero eso es otra historia. 

La cuestión es que por 35 dólares (más gastos de envío) tengo la oportunidad de montar mi propio NAS, montar un sistema de vigilancia, un media center, un cliente de torrents o simplemente aprender Python, el lenguaje de programación que vuelve a hacer excitante esto de la programada. Por eso me compré mi Raspberry Pi bautizada como Rasputina. 


Valerie (en coma), Asustaniana y Rasputina. 

Lo que en realidad me ganó es que conectas la tarjetita a la tele, le metes su SD y listo, tienes una computita. Me recordó a mi Commodore 64, snif. Todo con Open Source y una gran comunidad online (y en mi caso, onsite) dispuesta a ayudarme. Creo que ya es justo y necesario que en mi casa haya una Debian. 

Quiero darles una a mis papás para que tengan un media center. Mi papá siempre fue fanático de la tecnología y aunque su etapa como pecero (de PC) fue dolorosa para todos, ahora no va a ningún lado de su iPad. Por eso espero que controlando la Raspberry con el iPad vean Downton Abbey, the Following y mi última obsesión: Last Tango in Halifax. 

Sé que muchos mortales han entendido un carajo de lo anterior. Pensando en ustedes escribí en No le cuentes a mi madre sobre aquella vez que fui a Puebla y no podía salir de la ciudad.

viernes, 19 de abril de 2013

Acomodos camatorios

Antes de que mi Maridaje se mudara con nosotros, yo dormía con los perritos. Mejor dicho: mal dormía, porque conforme Scampi fue creciendo, me iba empujando de la cama. Pero la llegada de un hombre a mi cama significó que los perritos se fueran a la suya. Al principio, era una cama de humanos, que estaba en el cuarto de la tele. Después, cuando empezamos a utilizar esa cama para actividades recreativas, los perritos se fueron a sus camas perrunas, al cuarto de la computadora. 

Al principio estaban sacados de onda, pero dos o tres noches después empezaron a irse a dormir con la orden “a su habitación”. Bajaban las orejas y la cola, pero al final y sin hacer drama se echaban a completar sus 21 horas de sueño reglamentarias. Así estuvieron un buen tiempo. Entonces pasó que nos hicimos adictos a las series de televisión británicas (aka telenovelas), a las de zombis y a las de asesinatos. Compré un par de camas perrunas para el cuarto de la televisión y mientras la televisión sangraba, los perritos dormían plácidamente. Al apagar la tele, cada quien se iba a su habitación. 

Pero entonces llegó el frío y Scampi comenzó de chípil y justo antes de que dijera “a su habitación”, el güerito se iba a la nuestra. Entonces hice lo que debía: llevé sus colchones a nuestra habitación. A veces Scampi ronca. Otras veces mi maridaje ronca. Y me despiertan. (Otras veces ronco yo, pero no me despierto). Y más de una vez, desperté con el corazón en la boca porque se ponían a ladrar. En resumen, no duermo tan plácidamente. Pero no me quejo, me gusta que durmamos todos juntos. 

Un fin de semana, que los perros estaban bañaditos y olían a perfume, le pedí a mi Maridaje que les permitiéramos subir a la cama. “Mientras vemos a Dog with a blog, nada más”. Le puse ojos de Gazpachito asustado y cedió. Ahora, los cabrones se quieren subir siempre. Como que de pronto se acordaron de cuando dormían en la cama. Cada noche es igual. Se sientan muy derechitos y con los ojos fijos en nosotros. Mueven las patitas delanteras con ansia, como conteniendo que las de atrás los catapulten a la cama. Entonces les digo con voz firme: “ya, a su cama”. Scampi y Gazpacho meten el rabo entre las patas y arrastran su desdicha a su mullida cama.