viernes, 3 de mayo de 2013

Rasputina, mi nueva computita :)

Una de las ventajas de trabajar en un lugar lleno de computitos obsesionados por tener el último foquito de la tecnología es que me entero de primera mano cuál es ese último foquito. Otra ventaja son los correos homoeróticos, pero eso es otra historia. 

La cuestión es que por 35 dólares (más gastos de envío) tengo la oportunidad de montar mi propio NAS, montar un sistema de vigilancia, un media center, un cliente de torrents o simplemente aprender Python, el lenguaje de programación que vuelve a hacer excitante esto de la programada. Por eso me compré mi Raspberry Pi bautizada como Rasputina. 


Valerie (en coma), Asustaniana y Rasputina. 

Lo que en realidad me ganó es que conectas la tarjetita a la tele, le metes su SD y listo, tienes una computita. Me recordó a mi Commodore 64, snif. Todo con Open Source y una gran comunidad online (y en mi caso, onsite) dispuesta a ayudarme. Creo que ya es justo y necesario que en mi casa haya una Debian. 

Quiero darles una a mis papás para que tengan un media center. Mi papá siempre fue fanático de la tecnología y aunque su etapa como pecero (de PC) fue dolorosa para todos, ahora no va a ningún lado de su iPad. Por eso espero que controlando la Raspberry con el iPad vean Downton Abbey, the Following y mi última obsesión: Last Tango in Halifax. 

Sé que muchos mortales han entendido un carajo de lo anterior. Pensando en ustedes escribí en No le cuentes a mi madre sobre aquella vez que fui a Puebla y no podía salir de la ciudad.

viernes, 19 de abril de 2013

Acomodos camatorios

Antes de que mi Maridaje se mudara con nosotros, yo dormía con los perritos. Mejor dicho: mal dormía, porque conforme Scampi fue creciendo, me iba empujando de la cama. Pero la llegada de un hombre a mi cama significó que los perritos se fueran a la suya. Al principio, era una cama de humanos, que estaba en el cuarto de la tele. Después, cuando empezamos a utilizar esa cama para actividades recreativas, los perritos se fueron a sus camas perrunas, al cuarto de la computadora. 

Al principio estaban sacados de onda, pero dos o tres noches después empezaron a irse a dormir con la orden “a su habitación”. Bajaban las orejas y la cola, pero al final y sin hacer drama se echaban a completar sus 21 horas de sueño reglamentarias. Así estuvieron un buen tiempo. Entonces pasó que nos hicimos adictos a las series de televisión británicas (aka telenovelas), a las de zombis y a las de asesinatos. Compré un par de camas perrunas para el cuarto de la televisión y mientras la televisión sangraba, los perritos dormían plácidamente. Al apagar la tele, cada quien se iba a su habitación. 

Pero entonces llegó el frío y Scampi comenzó de chípil y justo antes de que dijera “a su habitación”, el güerito se iba a la nuestra. Entonces hice lo que debía: llevé sus colchones a nuestra habitación. A veces Scampi ronca. Otras veces mi maridaje ronca. Y me despiertan. (Otras veces ronco yo, pero no me despierto). Y más de una vez, desperté con el corazón en la boca porque se ponían a ladrar. En resumen, no duermo tan plácidamente. Pero no me quejo, me gusta que durmamos todos juntos. 

Un fin de semana, que los perros estaban bañaditos y olían a perfume, le pedí a mi Maridaje que les permitiéramos subir a la cama. “Mientras vemos a Dog with a blog, nada más”. Le puse ojos de Gazpachito asustado y cedió. Ahora, los cabrones se quieren subir siempre. Como que de pronto se acordaron de cuando dormían en la cama. Cada noche es igual. Se sientan muy derechitos y con los ojos fijos en nosotros. Mueven las patitas delanteras con ansia, como conteniendo que las de atrás los catapulten a la cama. Entonces les digo con voz firme: “ya, a su cama”. Scampi y Gazpacho meten el rabo entre las patas y arrastran su desdicha a su mullida cama.

viernes, 5 de abril de 2013

Yo tenía un no-blog chiquito, snif


Me gusta presumir que mis primeras compus no tenían disco duro. Que lo primero que hacía al encender la computadora era cargar el sistema operativo (DOS) desde el floppy (de 5 1/4). Que estuve en internet antes de que existieran los navegadores. Y que cuando mis programas tuvieron persistencia (en dbase), me volé la mente (bad english).

Se que el decir todo esto revela mi edad. Pero no importa. Estoy muy orgullosa de mi pasado computito. Me gusta ser lo suficientemente vieja para haber vivido los grandes cambios. Y como los años-procesador pasan más rápido que los años solares, a mis 77 tengo el derecho de antigüedad para zappear los ipadseros imberbes.

Desafortunadamente, esto de tener 77 años-procesador me hecho atestiguar muchas muertes. Y no, no hablo de Jobs. En estas últimas semanas, al menos dos muertes me han pegado: Posterous y Google Reader. Aunque mi Posterous nunca fue mi blog principal, cuando tuve que elegir, lo preferí a Tumblr. Aunque tengo un Tumblr agonizante y abandonado, me pareció que se debía usar sólo para fotos y memes. Entonces llegó Posterous y decidí que ese sería mi no-blog.



Los posts que escribí en posterous me salieron con un feeling diferente. Ahora, que están a unos meses de que sus bytes mueran en algún servidor gringo, el pinche coraje me hace decir que la plataforma se prestaba para ese algo diferente. Quizá era la foto, o tal vez el extracto que se mostraba al principio. O simplemente el pretexto para probar otra voz. No lo sé. 

Durante las últimas dos semanas, me dediqué a copy pastear todos los posts de Posterous para acá. Con amor y paciencia, descargué su foto, la subí a blogger, seleccioné la misma fecha de publicación, formateé el texto y le puse la etiqueta "Abrí mi posterous por borracha". Pero sobre todo, los leí. Y les lloré. No les cambié ni una coma. Siempre he pensado que los posts deben respetarse. No se deben editar y mucho menos borrar. 

Así que sólo me queda agradecer a aquellos que lo visitaron y comentaron. Gracias a Kabeza por la imagen de ChuperRox y una mentada de madre a los putos capitalistas de Posterous fifififí.

De Google Reader ya hay quien lo dice con más claridad y coherencia, por lo que sólo diré esto: nuncamente compraré una compu de Google, ya le hice pipí a mis Androids y en cuanto salga la versión de paga de Feedly compraré tres y una de regalo.

jueves, 28 de febrero de 2013

Diablo con vestido azul


¿Te enojas si bailo con la de vestido azul?, me dijo mi marido. Sentí cómo se tambaleaba mientras rodeaba mis hombros con su brazo. ¿Verdá que no te enojas, beibi? 

En un capítulo de Cómo me hice monja, de César Aira, hay un conjunto de minihistorias extraordinarias. La protagonista -una niña de 6 años-, ingresa 3 meses tarde a clase y se encuentra que todos sus compañeritos ya saben leer. La maestra decide ignorarla, por lo que la niña se dedica todo el día a imaginar que sus compañeros tienen algún problema emocional y que ella es su maestra. Uno de los chicos tiene un problema peculiar: Su mamá no sabe que en realidad es su papá, ya que es quien trabaja, se enoja y bebe. Y por supuesto, su papá tampoco sabe que en realidad es su mamá, ya que es quien cocina y lo cuida. No recuerdo cómo imaginariamente lo ayudó. 

Gisela nos explica las diferencias entre orientación sexual y género. Eso explica por qué a algunas vestidas les gustan las mujeres. Tal vez a todos los hombres les sigue gustando vestirse de mujer. A la primera oportunidad (despedidas de soltero, novatadas, fiestas de disfraces) agarran prestado un vestido de la madre o hermana y se lo ponen. Supongo que hace un par de siglos no tenían ese problema. Eran ellos quienes se maquillaban, usaban pelucas y camisas con mucho vuelo. Pero la clase media y las feministas les vinieron a joder todo. 

Sólo íbamos a cenar, el plan de ir a Maximiliano (el antro gay de la ciudad) salió al calor de los mezcales. Además de mi marido me acompañaban tres compañeros del trabajo. Debo haber sido la más fachosa aquella noche: ningún maricón, vieja o vestida desafiaba mi look de pants rosa, tenis blancos y blusa negra con el mapa del metro de NY entre las tetas. Un look bastante cutre para la corte de Maximiliano, quien cuelga de un cuadro de marco dorado, con su imponente capa roja y su larga e inmejorable barba. Pero era el Maximiliano, donde quien eres o cómo te vistes no te cierra la puerta en las narices. 

En cierta ocasión a mi ex se le pasaron las copas. No era difícil pues era bastante joto para tomar. Entonces comenzó a contarme de su exnovia bisexual. Siempre que hablaba de sus ex era para chillar de lo mal que lo han tratado las mujeres. Pero hasta esa noche, nunca había escuchado de su novia bisexual. Me contó de la fiesta de disfraces, en la que ella se vistió de hombre y él, de mujer. Sus ojos le brillaron, sonreía y los cachetes estaban rojos. Sólo lo volví a ver así la vez que besó a uno de Soda Estéreo que la hacía de DJ. 

En el trabajo, cuando alguien comente el error de dejar la máquina desbloqueada, otros aprovechan para mandar correos que dicen "Soy bien putote" "Fulanito, ven y truéname el huacal" y cosas así. 

La de vestido azul era prieta y con los cachetes cacarizos. Su pelo largo y negro era una peluca o un cabello muy maltratado. Flaca, flaquísima. El vestido azul turquesa estaba entallado al cuerpo y le tapaba muy apenas las nalguitas. Usaba zapatos (tacones) de plataforma. Como si su altura natural no fuera suficiente. Bailaba cumbias con una chaparrita cuerpo de uva, como decía mi mamá. La falta de grasa en los pechos, nalgas y caderas era sólo uno de los indicadores de que entre las piernas tenía un pedazo de carne apachurrado. 

Los suricatas macho, cuando son cachorros, parecen hembras. Así engañan a los machos dominantes, sus futuros contrincantes en el amor sexo. En cambio, hay serpientes macho que cuando tienen frío se hacen pasar por hembras, para que otros machos se les restrieguen y les den calor. 

En Cómo me hice monja, resultó que se la niña se llama César Aira. 

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La del vestido azul acaparó la atención de mis compañeros de borrachera. Me sacaron del círculo del desmadre para discutir quién la invitaba a bailar: Sácala a bailar o qué, ¿vas a dejar de ser hombrecito?. No güey, a ver, sácala tú. Por eso me puse a bailar sola. Cumbias. El reflejo de la puerta de emergencia me regresaba mi imagen moviendo las caderas. Los genes paternos fueron generosos conmigo y con mi trasero. Nadie me miraba, excepto la del vestido azul turquesa.

martes, 12 de febrero de 2013

Vendo membresías del club de fans de Ricardo Ortega

Ricardo, también conocido como mi viejo o mi maridaje, es escritor. Hay gente que al enterarse de su modus vivendi reaccionan como si les hubiera dicho que era domador de leones o sacerdote mormón: ¿De dónde lo sacaste? Y aunque los círculos queretanos de literatura tienen algo de cirqueros y fanáticos, lo que esperan es un ingeniero o computito afín.

Pero bueno, es escritor y lector de tapa dura. Me arrastra por ferias, expos y ciudades en la búsqueda de libros. Hojea cada libro, piensa en comprarlo -o no- un par de horas y luego camina media feria de regreso para comprarlo. Una vez, hasta volvimos al día siguiente. En las librerías, me he terminado libros completos por estarlo esperando (soy lectora voraz y veloz. Y sólo eran 50 hojas, ja). A veces, me convence de comprar libros que él quiere con mi presupuesto. Otras veces busca autores que no existen y resulta que nadie los conoce. Ahora, con el iPad colecciona ePubs. En secreto le doy gracias a S.Jobs por su inventito.

Sí. Mis pies sufren. Pero a veces, sufre más mi corazón cuando escribe. Su ficción tiene enormes referencias a su vida real. Así que a veces, las mujeres de sus cuentos además de ser las nalgonas esposas (o afín) del protagonista, son unas hijas de la chingada. En un bosquejo de cuento, en el que el hombre era maltratado y manipulado por una perra calculadora que lo obligaba a tener la cocina limpia, me hizo llorar. No hacía mucho que habíamos tenido una discusión cocinil. Es ficción, me repetía.

La mera verdad es que es un honor vivir ese proceso creativo de cerca. Desde reconocer su cara de "estoy inventando un cuento en este momento" hasta ir viendo como pule y crece cada cuento. He leído versiones espermatozoide, en las que la versión final apenas y se reconoce ese gen original. Sé cuando sufre mientras crea y cuando se siente inseguro de que se entienda. Leo, releo y escucho que lee.

Hace algunos meses, le publicaron un plaquette que es algo así como un folletín para jóvenes escritores. Yo le ayudé a maquetarlo en ePub, reeditarlo y subirlo a una página web, donde ya también le dio por la bloggeada / exhibicionismo.

Por supuesto, yo soy fan #1 de lo que escribe y desde ya, me autonombro presidenta del club de fans de Ricardo Ortega, administradora de la lana, mánager, secre en minifalda, aprobadora de entrevistas, webmaster, community manager y musa.

Pero ahora lo que importa que ustedes digan qué les parece. Ojalá lo lean y tengan tiempo de comentar que les pareció. Ah y recomienden ¡Gracias!

(Click en la imagen para descargar)


jueves, 7 de febrero de 2013

Vendí mi Almera y no chillé ni nada de esas mariconadas de hombres

El martes di de baja el Almera de Tránsito de Jalisco. El trámite fue muy sencillo y rápido. La verdad es que en la Unidad Administrativa las Águilas siempre me han tratado retebien. Hace un par de meses que el Almera ya no es mío. Se lo vendí a mis cuñadas. Una tarde, lo recogimos donde su mecánico de cabecera y les dijo lo que ya sabía: el motor y sus partecitas estaba chidas. Otra cosa era la pintura, que se cayó de la nalga derecha y un lado tenía enormes rayones. Fuimos a tomar una cerveza a La Castellana para festejar, firmé la factura, agarré el dinero y ya: el Almera no era mío.

Almera: no es mío.

No sentí nada. Ni siquiera porque fue mi primer coche y me acompañó durante 11 años. Qué pinche insensibilidad automotriz. El Almera no tenía nombre. Alguna vez le llamaron jerimóvil, pero yo nunca lo bauticé. Aguantó unos 9 años sin quejarse. Con afinaciones, cambios de aceite, llantas, amortiguadores y frenos seguía andando bien. De pronto empezó a rechinar de más al frenar. El tablero se le calabaceaba y supongo que la fascia también. En el año 10 le falló por primera vez la dirección y tuve que cambiársela. Lo último que le cambié fue el sistema del enfriamiento y la batería. Nunca lo hice queretano, ni siquiera cuando el Góber (mi amigo Pepe) empezó a pagar por uno la tenencia. Era mucho pedo. Pedo del que no me libré al comprar a Rojo (mi examigo Pepe)

Lo cierto es que el Almera fue un gran coche y, aunque sea una insensible automotriz, tengo la responsabilidad moral de hablar de él. Así que aquí va:

Compramos (en ese entonces estaba casada) el Almera porque mi mamá sacó uno igualito y me encantó. Habíamos estado pagando en AutoFin una cosa fea de la VW, pero Almera era automático (muy importante), 5 puertas, con aire acondicionado y estéreo con CD (guau). Cuando recién lo compré, no le ponía bien las luces. Creía que la posición normal eran las altas, así que andaba con sólo los cuartos en la noche. Después del divorcio, Palomito (mi perro LabMix) era mi copiloto: viajaba sentado superderecho, con la vista fija y atenta al frente. Ni los lavavidrios lo podían distraer. En el 2003 lo llené de mis chivas y nos mudamos a Querétaro. Comencé con lo que cupo en el Almera. Me acompañó a antros y pedas. Mis amigos lo manejaban por mí. Lo vomité unas 3 veces. Lo llené de borrachos mientras recorríamos la ciudad. Pasamos solos (Almera y yo) algunas madrugadas del domingo dando vueltas en Bernardo Quintana. Me llevó a Manzanillo y muchísimas veces a Guadalajara. En una de esas veces, le pisé hasta 160 y me detuvo un federal. Me dejó ir con sólo una advertencia. Casi no viajó al DF porque los policías son unos culeros con los coches extranjeros. Una vez me detuvieron cuando íbamos al aeropuerto. Angélica y yo íbamos a Europa y querían que hiciéramos escala en el corralón. Nos dejaron ir sin mordida (tal vez no son tan culeros). Otra vez entré al DF cuando era mi día de no-circula. Tuve que abandonarlo en Izcalli y volver por él a las 12 de la noche. Iba con una perra recogida, así que tomé un taxi pirata para que me llevara a casa de mi abuelo. Creí que el Don me iba a violar, matar y volver a violar ya que manejó por lugares perdidos de buda, pero sólo me dejó a la entrada de la colonia: no quiso entrar al DF. Con Gazpacho, el asiento de atrás se llenó de pelos negros. Con Scampi, las orillas quedaron rayadas con sus uñas. En el 2005 una pedrada le hizo una grieta en el parabrisas. Cuando volví de España, el vidrio estaba compuesto. Pobre Almera, sólo mi papá lo sobaba con cera y le lavaba las vestiduras. Yo apenas y lo bañaba. Un día se le descompuso la alarma y nunca se la volví a poner. El CD también chafeó y mejor le puse una chunche que manda al radio lo que toca el MP3. Los pinches escuincles de la prepa me lo rayaron cuando vivía en el cerro. Cuando Ricardo y yo nos arrejuntamos, no quería que lo manejara. No me gustaba ser la copilota; no me gustaba perder el poder. Poco a poco fui “poniéndome flojita” en la manejada y muchas cosas más. Nunca lo golpeé gacho. Sólo tenía un raspón oxidado en una de sus puertas. Eso sí, se le descarapeló la pintura cerca del vidrio de atrás. Como que es un defecto de fábrica; he visto varios almeras así. 

Mañana llevamos a Rojo a su servicio de 10,000 kms (qué rápido crecen, snif) y aún no me acostumbro a la dirección manual. Justo ayer, se me apagó dos veces de subida y pensé en el Almera, mi coche de señora, snif. A la primera pendejadita mecánica de Rojo y vuelvo por Almerita, bua.

lunes, 4 de febrero de 2013

Íbamos para Chapala, pero terminamos en el parque metropolitano


Traía ganas de charales y micheladas. Chapala, pensé. Les comuniqué mis alcohólicas intenciones a mi familia y aceptaron acompañarnos.  Así que el domingo, muy temprano (12:30) salimos rumbo al jalisquillo lago. Viajar con una niña de un año y dos perros tiene su grado de histeria. Silla, correa, pañales, bolsas, platos, biberones, juguetes. Por eso digo que era temprano.

Ir a Chapala al menos una vez al año, o a alguno de los pueblitos que están en la ribera, es obligación de todo tapatío.  Hasta la virgensita de zapopan va.  Pero yo no soy tapatía de nacimiento, así que la primera vez que fui al charcote fue en mi cumpleaños número 12.  Mi abuelo estaba de visita.  Tomamos una lancha hasta la isla de los camarones.  Yo llevaba vestido.  Más o menos a esa edad dejé de usar vestidos de niña. Mi mamá me los mandaba hacer con una amiga de mi abuela.  Aquel vestido era rosa y tenía un olán en el cuello, por lo que en la foto de la lancha, el aire levantó el olán y sólo se me ve media cara.  Comimos en un restaurant frente a lago y mi abuelo pagó unas canciones de mariachi.

En tercero de secundaria, fui a un retiro espiritual a un rancho de las monjas que está en Jocotepec, uno de los pueblitos de la laguna. Mis papás no me querían dejar ir a ese "retiro", pero yo, más por ir con mis amigas que por piadosa, insistí.  Cedieron y soltaron la lana para el viaje. A las monjas les gustaba hacernos llorar en los retiros. No era difícil. Bastaba con que le echaran sal a la herida de una compañerita (la que acababa de perder a su papá) o hablar de lo agradecidas que debemos estar con dios (por tener todos los días que comer) o simplemente con que nos asustaran con el infierno, para que el llanto se hiciera contagioso y cincuenta niñas comenzaran a berrear.  Ya saben, la mañosa técnica de compartir un sentimiento para "encontrar a dios" y luego darnos dulce.  Esa vez fue nieve de garrafa.  Yo no sabía qué eran las nieves de garrafa de jocotepec.  Así que cuando mis compañeritas se  enteraron, me vieron como extraterrestre chilanga.  Pero como nos sentíamos muy unidas por habernos limpiado los mocos con el mismo kleenex, no me agredieron y decidieron guiarme por el camino de las nieves de joco: pide barquillo y de dos sabores. Desde entonces, la de coco es mi favorito. 

Asistí a una prepa donde algunos de mis compañeritos eran riquillos.  Tenían casa de fin de semana en algún punto de la ribera de Chapala.  Por eso, conocí Ajijic y San Juan Cosalá. Ajijic es más nais.  Casas enormes, casi todas pintadas en colores fuertes y con hartas plantas. Alberca, jardinsote y asador. Además es english spoken y pet freindly.  Ajijic es uno de los lugares donde los gringos jubilados vienen a morirse.  Se organizan en grupos para bailar, leer e incluso, montan obras de teatro.  Gracias a ellos, el valor inmobiliario de la zona es alto.  En San Juan Cosalá casi no hay gringos y las calles son más polvosas. De lo que más me acuerdo es de un pan dulce delicioso.

Después me fui a vivir a Querétaro y no volví a Chapala ni a sus pueblitos anexos.  Sólo escuchaba a mi mamá lamentarse de lo pinche que estaba el lago. Es tan triste que ni queremos ir, pero vamos porque es obligación de todo tapatío, me decía.  Hace poco me informó que las aguas del lago se habían recuperado y el malecón estaba saneado .  Pero lo que me convenció de ir, fue la mención de micheladas y charales.

Así que aparté una noche en un Bed and Breakfast regenteado por una pareja gringa y sus perros en Ajijic.  Durante todo el fin de semana, mi maridaje y yo nos dedicamos a fresear en restaurantes, a fornicar y a caminar por el malecón en búsqueda de la michelada perfecta.  Fue un bonito reencuentro con la laguna y firmé la paz con mi pasado chapaliano.  Por eso quería volver con mi sobrina e hijos.

Pero apenas tomamos la carretera a Chapala, la encontramos aperrada de tapatíos que decidieron ir a cumplir su obligación justo el mismo día que tenía antojo de charales.  Como mi papá es bastante desesperado, tomó el primer retorno, hicimos escala en el Oxxo y en las carnitas y terminamos en un picnic el parque metropolitano, lo cual no está tan mal porque el mentado parquesito rulea.

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miércoles, 23 de enero de 2013

Visa en tiempo real


Es la 1:22am y estoy luchando contra morfeo. En 40 minutos tengo que partir a la central para tomar un autobús que me dejará en la embajada gringa.  No tenía interés en renovar mi visa, pero el curso queda mi ídola Lyssa  Adkins patrocinado por la empresa, me hizo cambiar de opinión.  Mi maridaje se rindió; ronca a mi lado.  Estoy cansada.  El día de hoy tuvo mas mierda y complicaciones de lo normal.  Por eso nos fuimos a cenar una cerveza Josefa.  El medio litro cuesta 60, pero pega como tres.  También comí queso con chapulines.  Se supone que estoy a dieta, pero a veces se necesita cerveza artesanal para el alma apachurrada.  Un masaje y baño con agua quemante después, estaba lista... para dormir. Por cierto, me acabo de enterar que Before Midnight se estrena este año.  Amo las lonjitas de Celine.


1:50 am Hora de hacer, por quinta vez, el chequeo de papeles y demas chingaderas. (y la pinche tablet que no agarra el acento, grrrr)


2:05am salimos de la casa.  Cosas que ves los martes de madrugada en Querétaro: más perros callejeros, más trailers, puestos de tacos limpiando, una virgen con exceso de lucecitas en la carretera, una bicicleta abandonada en el Mega.  Muchos taxis.  Besos a mi marido.

2:17am llego a la central de autobuses.  Me encuentro que le quitaron un camellón para lo único servía era para que los autos se pusieran en doble fila y los policías se enojaran. También organizaron los taxis y ahora tienen baño, boletería y plataformas de embarque. Ah, Querétaro el primer mundo.  Entro a Primera Plus y luego a la aduana hacia México.  Desde Querétaro, viajar al Deefe supone inspección de mochilas, paso por marcos de seguridad y "polis" haciendo notar el evidente frío.  También te toman video.  Subo al autobús y me toca ir sola, ¡yei!

2:35am parte el autobús.  Dependiendo a la ciudad a la que vayas, Primera Plus también te ofrece diferentes "ventajas".  Al aeropuerto, te dan iPad.  A la embajada, unas pantallas android cuelgan del respaldo frente a uno.  Sin duda, los autobuses de turismo en México son de lo más cómodo y fresas que hay.  En  Europa por ejemplo, viajas como sardina. El respaldo apenas y se reclina.  Olvídate de tener tele o launch.  Supongo que tanta fresedad obedece al clasismo mexicano. Y a que no hay tren.  Prendo el coso de android y lo vuelvo a apagar. Tengo sueño, saco mi cobijita, acomodo las orejas detenedoras de cabeza (otro plus), me bajo el gorro hasta los ojos y duermo.

5:30am A pesar de haber sentido los topes de bienvenida de la Ciudad de México, seguí prácticamente dormida hasta donde está la embajada.  Primera plus tiene una sala de espera en donde puedes ver la tele y quitarte la cara de desvelada.  Eso sí, no tienen internet.  ¿No que muy chingón primera plus?.  Mi cita es a las 7:30. No se si intentar dormir.

6:00am Despues de la hermosa noticia de que Piqué y Shakira ya son papás, una señora nos explica el proceso que siguen los gringos y que ellos nos llevan al CAS.  A la embajada, se va cada quien a pata.  Reviso mi documentación y CREO que sí aplico como renovación. Yei, otra vez.


7:00am No dormí. Era hora de partir al CAS. A pesar de ser esas horas de la madrugada, los chilangos se arremolinaban en los puestos de tamales, garnachas, café y pan. Y yo ni siquiera me despierto a las 7.  Van entacuchados en bici o caminando.  En negro, gris o un color igual de serio.  En el Ángel, un voceador grita cosas raras; como que "padece de sus facultades mentales" , dirían en el canal 5.  Entonces algo sorprendente pasa: los autos se detuvieron en un paso peatonal sin necesidad de tener semáforo.

7:15 Llegamos al CAS.  El policía me indica que tengo que esperar. 5 minutos después me deja formarme.  Documentos a la mano, celular sin pila, nada de comida.  Revisión de cita, revisión de pasaporte, foto, huellas digitales y adiós.  15 minutos después estoy fuera.  No tengo que entrevistarme con ningún gringo, pero tal vez tenga que volver: mis huellas están gastadas, me informan.  Ya me lo esperaba, esas chunches que escanean yemas nunca me funcionan. Si no le parece a la embajada, me tendrán que tomar la muestra con tinta.

7:45 Me acuerdo del Pozole de Toño.  Mejor pozole que starbucks o sangrons.  Además me ando haciendo del baño. Camino hacia la zona rosa y guiada por sexshops, cantinas y antros cerrados.  Las calles vacías, sólo los de limpieza barrían y echaban agua.  El teléfono me había asegurado que el Pozole Toño estaba abierto las 24 horas.  Y fue cierto:  5 minutos después tenía frente a mi un pozole chico y un café.

8:15 De vuelta a la sala de Primera Plus. Ahora sí, el tráfico en Reforma es de Ciudad. Frente al Sangrons, casi me atropella un Infinity Negro. ¿Esos coches los venden en México? Qué bueno que no morí, porque seguro el tipo se hubiera salido con la suya. En la salita, me doy cuenta que sí hay internet, sólo tenía que pedir la clave. Siento haberte injuriado, Primera Plus. Me informan que aún no hay cuórum para tomar taxi compartido a la Central del Norte. Espero escribiendo en la Asustaniana. La verdad, no la amo. Su pinche teclado se cambia, no deja escribir bien, se pone el mouse donde se le da su chingada gana. Definitivamente ya di el viejazo y seré de esas rucas aferradas a sus computadoras. “En mish tiemposh she llamaban Pecé” les diré a los escuincles. En la tele (televisa), continúa felicidad por el nacimiento del escuincle de Shakira.

9:00 AM Considero la posibilidad de irme en metrobús y luego metro a la central. Pero me da hueva. Sigo escribiendo y regocijándome del milagro del nacimiento 

9:30AM Dos Ñores de Celaya están dispuestos a compartir taxi conmigo. Nos toca a 40 pesos por persona. “Es taxi seguro” nos asegura la vendedora y guía de visado. Me subo al frente de un coche negro. No le veo finta de taxi. En la primera cuadra, el chofer aceleró para evitar un semáforo en rojo. Sí es taxista, pensé. Pero eso de “seguro”, no tanto. Para tomar el circuito interior, se metió por el acotamiento amarillo y le echó el coche a unos patones. Eso sí, hicimos 10 minutos a la central. 

10:00 AM era la hora que decía mi boleto de vuelta a Querétaro. Hay que pasar otra vez por la aduana y revisión del DF. Antes de los arcos revisores, tienen un tablero con fotos denunciando rateros. Las fotos son parte del video que siempre te toman. ¿Entonces de qué sirve tanta revisada y manoseada si aun así se les suben los maloras al camión? Justo cuando me iba a vivir a Madrid, unos vándalos me robaron la bolsa en el camión. Me quedé dormida y ya no apareció. Adiós celular, 300 dlls y credencial de votar. De menos el pasaporte (con visa de estudianta) lo traía amarrado en la panza. Comenzamos a abordar hasta las 10:05. Esta vez, el autobús es de los normalitos. Con tele que baja del techo y descansa-cabezas sin alitas sujetadoras. Pero me dieron un yogurt yoplait y un cuernito. Dormí y no desperté hasta que sentí los topes de entrada a la central queretana. 

12:50PM Mi maridaje me recoge a en la central. Preferí ir a casa a darme una manita de gato y no lucir tan demacrada (no lo logré en su totalidad). El trámite me costó 10 horas de mi vida, 400 pesos de camiones + 160 Dlls a mi tarjeta + 100 pesos de taxi y desayuno. Espero que los gringuitos comprendan mis dedos trabajadores y no me hagan volver a ponerlos en tinta. En general me fue fue bastante bien. 


Nota para sacar la Visa gringa: Todo se hace por internet, hay que entrar al sitio de la embajada en donde se llena una forma. Yo me tardé como una hora cuando mucho.  Después tienes que pagar (yo lo hice por teléfono, con cargo a mi tarjeta) y sacar cita en el CAS.  Esto se hace por teléfono o por internet. En esa cita, lo único que hacen es tomarte fotos, huellas dactilares y se quedan con tu pasaporte y visa (si se tenía). Creo que sólo se considera renovación (y no se tiene una segunda cita) si la visa no tiene más de 48 meses vencida. Si nunca sacaron visa, sí hay que ir a entrevista con un gringuito en suelo americano. Esas son las que son perras, ya que depende mucho del humor del tipo. Los hombres y más si son jóvenes son los que tienen más pedos. Lo ideal es llegar presumiendo estados de cuenta, trabajo bien remunerado y propiedades. Y que no te vean ganas de quedarte, ja.  Cuando le toque a mi maridaje ir, podré contarles más

martes, 15 de enero de 2013

Asustiniana, mi nueva tabletita

Me compré una Tablet Asus nomás por convivir. Asustiniana, la acabo de bautizar. En realidad no necesito demasiado a Asustiniana. Pero como Valerie ya colgó las teclas y a veces me dan ganas de ver videos de TED echada en la cama, compré la mentada tabletita.

Tomé la decisión de comprarla mientras comía una torta de romeritos. Me levanté de la mesa y anuncié: voy a comprarme una tablet. Tomé la torta de bacalao que me faltaba por comer y salí rumbo a Best Buy. Dos horas después, se la presumía a mi madre. ¿No que te ibas a comprar una tablet?, me dijo. Y es que la gente le hace el feo a Asustiniana porque tiene teclado.

Asustiniana, no la real

El teclado (le llaman dock) tiene varias maravillas: pila extra, hoyito para USB, hoyito para SD y demás tarjetitas. Y por supuesto teclas porque soy una anciana que se niega a escribir sin que suene tacataca. Además, la tablet tiene miniHDMI y hace que la ame. Pero el verdadero y gran plus es que es roja. YouTube me informó que tiene un núcleo de 4 cores o cuatro núcleos o algo así que suena que es la última chingonería que procesa bytes.

Mi marido obtuvo en herencia y a cómodos plazos el iPad 2 de mi padre. Por supuesto, lo que mi padre quería era la iPad 3, para poder mandar fotos de su nieta iguales a las de antes. Y como somos una pareja de ancianos, a las 8:30 nos vamos a la cama y mientras leemos cada quien en su tablet, nos mandamos besitos por chat. A las 9:30 apagamos la luz y las tablet descansan en el buró que está de mi lado. Por San Linus Torvalds, duermo con una iPad junto :(

En los youtubes hay varios videos que comparan la Asus con los iPads. Yo no voy a decirles cuál es mejor. Sólo les diré que Ricardo me roba a Asustiniana porque el Angry Birds Star Wars gratis prácticamente no tiene niveles para iPad. In your face, dead Steve Jobs!

En fin, la verdad es que estoy traumatizada con algunos de los videos en los YouTube, sobre todo los de TED. Si algún día sienten que la vida no vale nada y no tienen un tequila cerca, métanse al canal de TED.

jueves, 3 de enero de 2013

Ramona en adopción


El primer día del año y para bajar la panza de tanta tragadera, nos salimos a caminar al parque.  Una perrita mestiza se nos acercó.  Gazpacho y Scampi no le hicieron el feo, a pesar que es un poco más alta que ellos (últimamente Scampi le huye a los perros altos).  La perrita se acercaba a toda la gente moviendo la cola.  Otros perros le olían el trasero con insistencia y ella los rechazaba a brinquitos.

Es de raza única, mediana (no más alta que un labrador) y con manchas como si fuera beagle.  A pesar de ser tan sociable, era notorio que fue abandonada o al menos descuidada.  Tal vez y hasta la echaron por andar es sus días.  Se le sienten un poco los huesos, pero nada que no se resuelva con croquetas.

La llevamos al veterinario ayer y resulta que estaba infestada de pulgas.  Pobrecita.  Las pulgas matan lentamente a los perritos.  Como está en celo, no la puedo esterilizar hasta dentro de 15 días, pero por lo demás está bien.  Salimos de la veterinaria con ampolletas antipulgas para todos.  

Como siempre que recojo perros, Gazpacho y Scampi están celosísimos.  Pero la perrita es muy buena y se porta bien.  Eso sí, es muy besucona y cariñosa.  Está en hogar temporal conmigo, así que si saben de alguien responsable que quiera adoptar, avísenme.

Gracias de antemano por difundir, esterilizar y no comprar perros. Esta es la liga en Facebook.