miércoles, 7 de enero de 2009

La gente del tango

La heroína de esta historia.


De lenguaje ligeramente vulgar, belleza perturbadora y andar azotado, sólo quería saber como le llaman al café en Buenos Aires. Por eso es que el viaje lo hice sola y no, no conocía a nadie allá.

La heroína

Los de más cerquita.


Me alojé en Casa Buenos Aires, principalmente por el trato que presumían en internet y que resultó ser cierto. Me sentí como en casa. El ambiente es muy diferente a cualquier hostal u hotel, en el que tienes horas para check in, etc. En la casa habitaban unos 18 estudiantes de entre 19-28 años. La mayoría llevaba un buen tiempo de conocerse y se veía que tenían de esas relaciones fuertes / temporales que la gente que se encuentra en las mismas situaciones, suele tener. Todos latinoamericanos.

Los de la casa

Como pasa siempre que los mexicanos nos encontramos en extranjia, un chilanguito -muy atento- se puso a platicar conmigo para ponerme al tanto del clima, de lo que hacía por ahí, de las cosas que ver, de que no hay chile ni tortillas. Los demás chavitos me ignoraron un poco, después de contestar las preguntas de siempre: ¿cuánto tiempo te quedas?, ¿a qué vienes?, ¿de dónde eres?; mirá, él es mexicano también, etc.

Al día siguiente de mi llegada, y después de esperarlos como 4 horas, fuimos varios al barrio de la Boca. Así pude conocer más a un peruano y su hermana, a un colombiano con acento extremadamente cachondo y al único argentino del hostal. Como no soy muy afecta a la gente, ya sólo los veía por la noche, cuando les invitaba de mi comida y cerveza. Además que se levantaban tardísimo. Para el viernes ya eran mis amigos y me invitaron al asado que iban a hacer en honor a Vinicius, un brasileño, que ya se iba de la casa.

El asado

El asado es de los aspectos sociales más importantes en Argentina. Este país es el que más carne de vaca consume y no hay reunión en la que no aparezca. Por más insignificante que sea el lugar, deben tener su parrilla para el asado. La nuestra estaba en el techo. Y con el calor, la cerveza y las guitarras, fue una reunión deliciosa.

Esa noche predominaron los ritmos brasileños y las brasileñas en minifalda. Nos atragantamos con asado y cerveza para pasar al desmadre sudaca - 3 mexicanos de colados. Como no es la primera vez que estoy entre tanto sudamericano, sus acentos no me parecían extraños, su modo de ser tampoco. Al final, en esas reuniones improvisadas poco importa la latitud en que naciste, lo que importa es que tan borracho estés.

Y yo estaba como una cuba.  Resulta que en BsAs los Kioscos (tienditas) te surten de cheve a tu casa a CUALQUIER HORA. Para una pueblerina como yo, que si no compras tu cerveza antes de la 1:00 am, no queda otra más que chupar acetona o dormirte, esto me pareció de lo más emocionante. Claro que, a esa hora, en vez de Quilmes es Salamandra o alguna otra cerveza corriente que cuesta el doble.

La noche estaba riquísima y casi amanecía cuando me fui a dormir.

La mayoría de los chavos estudiaban, viviendo lo que a mí me tocó hacer a los 29, cuando me fui a Madrid. ¿Qué sería de mí si eso lo hubiera vivido a su edad? (21) ¿qué es lo que sería ahora? ¿Estaría más o menos cuerda? Es imposible saber.

Los de la calle.


Los hombres en BsAs tienen algo muy bueno. Casi todos tienen pelo. Y de esos, casi todos lo tienen lacio-quebradizo y de esos muchísimos se lo dejan en melena. Cuando conocí a Jiral y vi que se cortaba el pelo él solo, creí que era por ahorrarse la plata y gastarla en cigarros. Pero resulta que casi todos los hombres traen ese corte. Cero metrosexual, 100% bárbaro. Y sí, son guapos (como en todo, hay excepciones ¡ja!).

Porteños en Subte

Su pinta es bastante heterogénea. Casi todos son blancos, sin llegar extremo de la transparencia nórdica. Los morenos que se cuelan son peruanos, brasileños o algo así. Afortunadamente no son peludos y hay unos ojos negros preciosos. Tampoco hay demasiada tribu urbana. Si acaso vi un par de darketos, pero leve.

Los hombres son coquetos y me gritaban cosas. Además del que me detuvo y me dijo "¡Qué linda sós!", hubo uno que me persiguió y, cuando me metí a una tienda, me comenzó a interrogar. Con evidente incomodidad, le daba el avión y cuando me quiso dar su teléfono le dije que "no, gracias". Los de los colectivos (camiones), al pedirles indicaciones, me hacían la plática de siempre: de donde vienes, con quien vienes, tienes novio, etc.

Las mujeres también están guapas, solo eso tengo que opinar al respecto.

Llegué a tener kioskero (el individuo de la tiendita) y mozo de bar. Desde la segunda vez que fui se acordaron de mí y me saludaron con entusiasmo. En la tienda de pastas artesanales estaba siempre estaba indecisa al comprar mi pasta, y me tardaba mucho en elegir. Los pasteros me decían que no había problema, que me lo tomara con calma. Me dio risa, aquí en México me corretean para comprar.

Un día me subí al Ventanal, una librería de la Av. de Mayo que parece que se quedó en los años veintes. Su dueño, un ruquito con pelo largo me sonrío por detrás de su computadora y se puso a mis órdenes. Me explicaba cosas de los libros que tomaba y, cuando le dije que era mexicana me platicó cuando conoció a Octavio Paz y a Juan Rulfo. También tenía una hoja firmada por Evita. Le compre unas postales de cuando en BsAs había tranvías. Ha de ser increíble dedicar la vida a leer, que envidia.

Una noche nos enteramos que en el planetario iban a poner telescopios y te dejarían ver por el mismo. Como buenos latinoamericanos, los argentinos no nos dieron la hora de cierre. Y como buenos latinoamericanos, llegamos tarde. Pero cuando se enteraron que veníamos de México (solo habíamos 2 mexicanos, ja) nos dejaron pasar, a pesar de haber ya cerrado. Ahí me enseñaron a Alfa y Beta Centauri (no visibles en el hemisferio norte) y grupos de estrellas que no se distinguen a simple vista. También vi a Saturno, con todo y aro.

Bailando en la feria

Leyendo el periódico mientras tomaba mi café con medialunas, me enteré que había feria en Mataderos. Ese barrio no es turístico y es de los más alejados del centro. Me dijeron que el nivel socioeconómico de la gente de ahí no es el mejor, pero el lugar me pareció lindo, incluso vi casas, porque lo que abundan en BsAs son departamentos. Esta fiesta me encantó, ya que vi a los verdaderos porteños en su ambiente. Había carnaval y trajeron fiesta de Salta, una de las regiones mas pobres de Argentina. Su música es definitivamente latina, al igual que su gente. Se pusieron a bailar tanto los de la tarima como el público. Todos estaban contentos, comían tamales, asado y empanadas. Compré dulce de leche y regalitos.

De regreso volví a perder el metro (ya lo habían cerrado), me subí a un autobús que no era y tuve que llegar en taxi al hostal, muerta de miedo de que me fueran a raptar. Ya después me dio risa.

Si bien no se puede negar que los porteños tienen herencia italiana y española, sentí que esto es sólo en lo físico. No son gritones, como los españoles y tampoco abusones, como los italianos. Quizá es porque era verano, pero se les veía relajados. Atiborrando sus parques, flojeando en la tarde. Hay niños y andan en bici o juegan fútbol. Les tienen consideraciones a sus perros y no hubo nadie que me tratara mal.

Milongueros en San Telmo

Los de acá.


O bueno, como nos ven desde allá. Gracias a Televisa, nuestro acento tiene su cariñito. Después de la clásica referencia al Chavo del Ocho, me encontré a un individuo cuyo sueño de chavito era ir a concursar a Chabelo. Las novelas mexicanas tienen ratings altos y los doblajes son los mismos que en nuestro país. Escuchan Belanova, Camila y (¡arggg!) Maná.

Debido a esto, conocen el idioma mexicano y les gusta imitarlo, con desafortunados resultados. El "wey" nada más no les sale. No sabían decir Querétaro y, los que sabían, era porque habían conocido mi ranchito. ¡Qué besho!, digo bello, ¡snif!

Del por qué de la extensividad de este post.


Sin duda no fue intencional. Antes viajaba como loca, buscando marcar muchos lugares en el mapita. La experiencia me ha dejado que me deja más quedarme en un lugar, perderme lo más posible para terminar entendiendo su organización, sus mañas, su lenguaje, su gente. Tener, a pesar de estar de vacaciones, una rutina que te hace sentir una ligera pertenencia ahí.

El indio y yo

Yo me levantaba como 9:30am, desayunaba, le compraba agüita a mi kioskero, recorría la ciudad y me perdía en sus cafeterías. Si llegaba temprano (tipo 9pm) me iba a mi bar a tomarme un Quilmes de a litro mientras leía o escribía.

A veces me preguntan qué ciudad visitar, qué es más bonito, dónde hay más de ver. Definir a una ciudad linda por su arquitectura o museos es muy frío. Lo que lo hace diferente, única o especial es la gente que te tocó en la cama de abajo, en la tienda o en el autobús. Por eso es que como dice Alejandro (Sanz), tengo porteño el corazón.

1 comentario:

Luisa dijo...

Alicante also has a goodnumber of jewellery stores
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