miércoles, 7 de enero de 2009

Pecando en Buenos Aires.

Lujuria.


Aún no puedo quitar de mi mente esa mano abrazando la espalda al bailar tango. El hombre debe abrazar a la altura de los pechos y a centímetros de tocar el derecho. Nada de la mano abierta o sobre el hombro o la cintura. Si en la salsa el movimiento de la mano le indica a la mujer la vuelta, las manos colocadas en la espalda te indican en el tango qué tanto puedes moverte. Si estás muy lejos o muy cerca, puede fallar un movimiento que en apariencia es sencillo.

Tango en San Telmo

Otra connotación sexual es que la mujer siempre va hacia atrás. Las parejas dan vueltas a la pista, pero la mujer nunca ve hacia donde la llevan. Tiene que dejarse y confiar. Es sin duda, uno de esos actos de sumisión que más de una vez, hasta la mujer más liberada, ha tenido al coger.

Los que bailaban tango en las milongas estaban contentos y sonreían. No era necesario que levantaran las piernas o las metieran por lugares obscenos para hacerse sentir. El ritual en las milongas para sacar a bailar es metódico y acaso estricto, pero es parte de un baile que sin duda, precede a otros rituales más antiguos y satisfactorios.

Gula.


Únicamente no me gustaron los alfajores, lo que es raro, ya que a todos los que les traje les encantó. Las empanadas no sólo son de carne, también hay de pollo, dulces, de choclo (elote). Y por 2 pesos son un quitahambre (o quitaantojo) delicioso.

En todos lados hay fábricas de pasta artesanal. Y yo soy adicta la comida italiana. Así que acudía a esas fábricas de pasta, hervía mi fetuchini, ravioles, cannelonis o lo que sea que comprara (salsa incluída) y en 10 minutos tenía un manjar que deja al Italiannis como vendedor de sopa de letras.

Para desayunar, había panecitos de hojaldre tipo los cuernitos de aquí, pero más esponjositos. En Argentina se llaman Medias luna y hay otras versiones cuadraditas y rellenas de dulce de leche, chocolate o mermelada. Facturas o minutas se llamaban... no lo sé. Yo sólo entraba a una confitería / panadería y pedía de todo.

Por supuesto la carne -asado le llaman- está a la altura de su fama. Y lo mejor es que hay desde los restaurantes más fresas, en los barrios más alejados y en la terraza de tu casa.

Asado & Malbec Asado en mataderos

La gula no es gula si no lleva alcohol. Y yo tomaba Quilmes tirada (de grifo) o de a litro. Si no estaba comiendo, me acercaban cacahuates y papitas. Como estábamos a 32-38 grados, era superrefrescante. Nunca había tomado vinos argentinos. Del sur, los chilenos son los de fama, que igual les hago el feo por mi obsesión con el tempranillo. Pero el Malbec es muy rico. Los que probé no son secos y no sientes el golpe amargo.

No puedo terminar sin mencionar el dulce de leche (cajeta, pero no puedes decirle así en Argentina). El que compré en Matadores es artesanal y es delicioso. A diferencia del de Celaya, no es tan pegajoso. Más bien como si fuera un pudín y por supuesto no esta envinado o quemado. Mi dulce de leche no lo comparto.

Codicia


Me fui a Palermo a comprar ropa. A propósito, casi no traje ropa por lo que en cuanto supe que estaba en el distrito más inn de Buenos Aires, me salí a comprar. Muy fresa. Pero para eso me endeudé. En Palermo, los diseñadores son los que te atienden personalmente. Y me atendieron como reina, me probaban, me arreglaban, me armaban el outfit completo. Me decían lo preciosa que me veía y como combinar lo que me compraba.

La próxima vez que vaya a Zara y sólo me dejen probar 5 prendas al mismo tiempo y no me agarren las bubis va a ser una desgracia. La ropa de verano que me compre es loca, sexy y claro, no hay aquí.

Sin duda codiciaba más.

Soberbia


Quizá sea el pecado que más se da por hecho en Argentina. Y si por Buenos Aires y sus edificios juzgan, su soberbia es una virtud, un gozo a los ojos. Que presuman, lo merecen. Sí, la calle más larga, el río mas ancho, las minas mas lindas, su obelisco, los edificios más lindos de Sudamérica o el mundo.

Senado
Influencias francesas, españolas, modernistas y hasta gringas enmarcadas con árboles y parques. Caminar por el centro, Montserrat, es un lujo. Como uno de mis principios morales es "antes muerta que sencilla" me identifiqué con esta altanera ciudad.

Pereza


Quizá era el calor de la tarde o la cerveza de medio día, pero me era imposible ver un parque y no tirarme a holgazanear. Hojeaba mi libro, escribía o me dormía. Da igual. En Buenos Aires hay montones de jardines que los porteños atiborran al atardecer. Punto y a parte son los bosques de Palermo, con su lago para lanchitas, su pista para correr y simplemente tirarse oyendo a las cotorras gritar. Hay placeres que no cuestan nada.
Tirándola en los bosques de Palermo

Envidia


Envidio lo que no puedo tener. Primero, sus librerías. Ya sea en la Av. de Mayo o en Corrientes, las librerías aparecen por montones. Los que las atienden no sólo saben ubicar los libros, también te hacen recomendaciones. Así descubrí a Fontanarrosa, quien me acompaño todo el viaje. ¿Cómo no lo conocí antes?

Librería con tertulia

Segundo, envidio sus cafeterías. Me recordaron a las madrileñas, pero son más grandes y te atienden en la mesa. Los mozos son amables y están vestidos de traje. Tienen barra, cafetera y cerveza de grifo. Nada pretenciosas, como las que te encuentras en el centro o en la condesa del distrito federal. Abiertas para todo el mundo, había viejos, jóvenes, travestis, extranjeros. Personas solas o grupos de amigos, da igual. Y ahora con el verano, se daban el gusto de sacar mesitas con sombrillas.

El Tercer, cuarto, quinto y sexto motivo de mi envidia son sus perros. O bueno, la aceptación de los porteños a la gente que quiere a sus mascotas. En Palermo (por mis rumbos) a todas horas me encontré gente con sus perros y a nadie pareciera importarle. Nada de esas tonterías de "¡Ay un perroooo, nooooo!".

Guardería de perros Mas guarderías

Además hay chicos guapos que pasean como a 15 caniches de la cintura. A los perros se les veía bastante civilizados, nada de atacar o jalarse. Supuse que era por encontrarme en una zona de clase alta, pero no. En Belgrano también me encontré de esos jardines-guardería de perros que están bien bonitos. Incluso en el centro me toco ver una. Eso me encantó y me retuerzo de la envida por recordarlo. Que más daría yo ir al centro y poder dejar a Gazpacho en una guardería y luego recogerlo. Chingado.

Ira


Buenos Aires tiene eventos gratis en sus parques durante el verano. Exposiciones, conciertos, teatro. Para todos los gustos y claro, gratis. Ya se, ya lo había dicho, pero quería recalcarlo. GRATIS. Y bueno, maldita sea mi suerte que comenzaban al día siguiente que me regresaba ¡argggg!

Dolina tiene un programa de radio los viernes. Investigué y por vacaciones no estaba. Pero un día iba caminando por Corrientes me enteré:

Dolina

¡¡Ese día me iba a Montevideo!! Ya tenía todo pagado y seriamente pensé en dejarlo. Pinche coraje que me dio.

2 comentarios:

mila dijo...

hola! soy argentina de bs as capital federal y buscando informacion ya que ire a mexico por primera vez me encontre con tu blog y pecando en buenos aires.... y la verdad me senti atraida de escribirte porque ha sido muy lindo lo que has escrito...y muy cierto, se nota que te has empapado del espiritu de aqui...
la proxima que vengas,,,escribeme y te paso data linda,,,
beso, milagros.

JM dijo...

Lamento que no hayas entendido nada acerca del tango.