martes, 17 de febrero de 2009

Amsterdam, o hazle caso a mamá

El no seguir las recomendaciones de mi madre, me provocaron varios sustitos:

1. "Mide tu tiempo, hijita"
Todo iba on-time, hasta que mi roomate se levanto y nos pusimos a cotorrear del día anterior que fue mi fiesta fin de cursos.  En ese entonces estudiaba vivía en Madrid.  El resultado: llegué 15 minutos tarde al check-in del avión, casi cerraban el vuelo. Mi destino final era Munich en su Oktoberfest.  Pero mi vuelo Madrid-Amsterdam hacía una escala de 4 horas en las que me dispuse cuasi-conocer a tan pachecosa ciudad

2. "Llevate tu suéter, hijita"
En España, el otoño entra unos días enfriando y de pronto vuelve un calor riquísimo.  Así que el sábado amaneció soleado y me puse una camisetita. Esta vez si me lleve suéter... pero en la maleta. Así que al bajar a Amsterdam, el clima estaba como a 15ºC con aire y chipichipi. Y yo toda despechugada, no se si tenía mas vergüenza que frío por andar así. Pero bueno, saliendo de la estación central, me compre un -casi nada turístico- suetercito rojo que dice AMSTERDAM. Pero debería decir "Fui a AMSTERDAM y me tuve que comprar este suéter por MENSA y no hacerle caso a mi madre". 25 pinches euros.

3."No hables con extraños, hijita"
Después de gastar dinero a lo pendejo, me dirigí a un lugar donde según yo había una oficina de información turística. Cruzaba la calle evitando a los locos ciclistas cuando vi un letrero que decía "Cuidado con sus pertenencias". Apenas abrazaba mi bolsita cuando se me acerco un negrote y me pregunto que si tenia frío.

Ya ha dicho que me asustan los negros (me imponen demasiado) y lo primero que pensé fue que me quería robar, así que agarré más fuerte mi bolsita. El cabrón me seguía haciendo platica de turista y yo le dije "ok thanks" pero igual no se iba. Después pensé que quería dinero por un tur personal, pero al verlo bien me dí cuenta que vestía ropa cara, chamarrón de cuero y demás. Fue entonces que me di cuenta que no había considerado lo obvio: mi abrumante sex apeal.

4."No aceptes nada de extraños, hijita"
Así que me dije a mimisma: "mimisma, no seas tan cerrada, sólo esta platicando, hay mucha gente, no pasa nada". Así que me relajé un poco. Como se notaba que tenía frío, el negrote me invitó un café en una de esas coffee shop que apestan a mariguana. Yo solo pedí café y él se hizo un churro de mota. Yo no quise, claro. Aún estaba asustada y tensa.

Para ese momento oía a mi madre diciendo "a ver si no le puso algo al café, míralo es marigüano". Decir que hablaba con él es mentira, porque yo respondía secamente lo que me preguntaba. Entonces comenzó a hablar el lenguaje internacional de la adulación con fines reproductivos, diciéndome que soy guapísima y a toda madre, mientras me toqueteaba el brazo.

Como sus negras intenciones fueron mas claras, me dio más susto. No salía corriendo porque como era un negrote alto, ya se me hacía que iba tras de mi. Así que me hacia pendeja y con mensajes corporales lo mandaba a la chingada cuando me quería tomar la mano o la cintura. Además le dije claramente que solo iba a estar 3 horas en Amsterdam, pero el caliente no cedía ante mis rechazos.

Quería llevarme en "trole" a unas florerías o no sé qué madres, pero por supuesto no quise. Así que caminamos como 1 hora por el centro mientras él intentaba ponerme sus negras manos encima y yo se las quitaba. Cuando nos acercamos a la estación del tren le dije que ya me iba. El puercote me abrazó y no me soltaba y como que quería robarme un beso negro (osea en la boca, no sean cochinos) pero, ¡nel! Se molestó un poco, pero no me sorrapó ningún golpe como yo creía.

Tanta preocupación por nada. Atacada de la risa, me dispuse a tomar mi avión a Stuttgart.

Amsterdam

1 comentario:

No le cuentes a mi madre » Blog Archive » Munich comenzó mal dijo...

[...] Quizá para los que no han tenido las suerte/ganas/loquesea de estar en un hostal no lo entiendan. Al parecer, solo somos una bola de borrachos presumiendo los lugares a los que hemos ido. Pero es mucho mas: una australiana que conocí en Madrid lo definió bastante bien: se forman relaciones temporales-fuertes al compartir experiencias muy similares, como la mensada de mi avión o el negro acosador de Amsterdam. [...]