sábado, 7 de febrero de 2009

Metrobús al pasado

Metrobús

Me subí al metrobús, desde La Joya hasta Potrero. Una hora y media por lo que debe ser la avenida más larga del mundo. Al menos es la más larga que yo he recorrido en un transporte urbano. Una hora y media como espectador desde una ventana, en la que la Ciudad de México te de una probadita de varios de sus colores y por supuesto, olores. Una hora y media en la que regresé a mi pasado chilango, a esa niña que la recorría -mayormente dormida- en el asiento de atrás de un vocho.

Pocas estaciones después de La Joya, grandes edificios se asoman. En lo alto llevan el nombre de la trasnacional que es soportada por mexicanitos que trabajan más que los gringos a la que pertenecen.

Después se asoma Ciudad Universitaria y su estación la presume como patrimonio cultural de la humanidad. En las noticias siempre la llaman nuestra "máxima casa de estudios". A mi me hubiera gustado estudiar Historia ahí, lo admito. Mi papá es Doctor puma y no dejé terminar a mi mamá Letras.  A la derecha, el campus con su característico edificio cuadrado adornado de motivos precolombinos. Poquito después y a la izquierda, el Estadio Universitario retacado de pumitas.

Y comienza la zona de antros y restaurantes super inn. Aparte de Polanco, creo que es de las zonas nice de la ciudad. Confieso que en uno de esos probé el mango al tequila mas delicioso de mi vida y que me pasaba un buen rato en su Liverpool comprando chocolates. Vi su edificio de pronósticos en estado bastante deplorable. De chiquita y regresando de Morelos, mi papá nos decía: "aquí vamos a venir a recoger mi premio". Veintitantos años después y no lo conozco por dentro, ja.

Se termina la zona bonita y sabes que va a comenzar el centro por los anuncios de ropa y electrodomésticos fabricados sin gusto y con material resistente. Los edificios se achican y se ve más gente en sus calles. Los chilangos caminan muy rápido. Si me preguntaran como son diría eso: caminan muy rápido, aunque no tengan prisa.

Me sorprendió ver Buenavista, recientemente restaurada por el tren suburbano. En esos primeros años de tapatía, viajábamos mucho en tren al DF. En pullman toda la noche, en cuartos para 6 con mis primas. Me gustaba mucho viajar así y me dio tristeza cuando lo quitaron. ¿Cómo estará ahora? ¿Cómo se verá desde esa ventana? Un día que no tenga nada que hacer tal vez vaya y me suba.

Pasando el circuito, me puse lista para salirme en la raza. Pero me distraje con una señora que traía a su perro en la bolsa y los 7 segundos que te dan para salir no me alcanzaron, no tengo esa habilidad, ja. No fue tan malo, ya que vi para donde quedaba la central del norte y ya en Potrero, salí del lado correcto, cosa que casi nunca hago.

Crecí con coche (vocho, pero coche al fin) y al ser mujer -y niña- primero mis papás y después mis novios la hacían de chofer. Ahora, tengo coche y pocas veces son las que he necesitado utilizar el transporte público en mi país.

Supongo que el siguiente párrafo es una patada en los huevos a la gente que no tiene otra, que aunque el metro cueste 2 pesos, los micros te cobren por kilómetros y te avientes todo Insurgentes por 4.5 varitos, tienen que sufrirlo todos los días y perder de una a tres horas de su vida -si bien les va- entre arrempujones y olores indeseables.

Pero como extranjera, viajar en transporte colectivo te deja ver un poquito de la gente que vive ahí. De que aún hay gente que ayuda al cieguito y deja sentar a la señora con niño. De los jóvenes y de lo que hablan, de la melancolía que transmiten sus viejos.

Sé que es snob, fresa y mamón. Pero soy pueblerina y me fijo en esas cosas, qué se le va a hacer.

3 comentarios:

Serguei dijo...

Es cierto. Es muy notable todo el contraste que se puede ver a lo largo de todo Insurgentes.

No me gusta tanto el Metrobús como el Metro (será porque siempre lo he encontrado llenísimo) pero debería cogerlo un día de norte a sur... tempranito y sin gente para sentarme y observar.

Que buen sitio os está quedando :)

controlzape dijo...

A mi el tramo de Insurgentes que más me divierte ir mirando es el del centro. Ha de ser por la cantidad de productos milagrosos que veo anunciados cada 10 mts.

Ana dijo...

Por mi parte, toda mi vida he viajado en transporte público.
Comencé a viajar en metro antes de que existiera la línea 8 y la línea B; a ambas las esperé con emoción para recorrer subterráneamente un poco más de la ciudad.Tiene su encanto atestiguar las transformaciones del entorno, especialmente cuando ese entorno ha sido abierto en las entrañas para servir de canal.
El inicio de este año me ha llevado a usar el metrobus desde Perisur a Francia, tramo no muy largo, pero bastante concurrido a las 7 de la mañana. Hasta el momento, cada viaje es una aventura nueva.
No parece ser tan predecible como el metro y hay que estar atento por que hay una ruta más larga que otra.
Lo que puedo decir de esta modalidad de transporte es que hay mucha más luz en este viaje superficial. Y si combinas la luz, con el traer los ojos insertados en la cara, obtienes la posibilidad de husmear, a través de la ventana, la cotidianeidad de los otros.
Brevemente, en línea recta, observas sin ser observado, y al descender, con un rápido movimiento, te conviertes en el observado.