miércoles, 25 de febrero de 2009

Munich comenzó mal

Antes de narrar Munich, es importante contar mi "excelente" plan de vuelo. No viajé directamente a Munich porque salia como 80 Euros más caro, así que tuve la genial idea de viajar a Stuttgart, un pueblito cerca y de paso, conocer la ciudad. Dormir ahí o no... eso lo decidiría al llegar.

Así que utilizando mi avanzado lenguaje de sordos alemán, tome el s-bhan (metro) a la estación del tren donde se supone que estaba también la de camiones y varios hostales. Pero el lugar estaba horrible, lleno de indigentes y borrachos alemanes que me asustaban. Obscurecía y no sabía a donde correr. Tal vez se piense soy valiente y aventada al viajar sola, pero más bien soy media burra y loca. Nunca investigué como irme a Munich y dí por hecho que salían autobuses cada hora... seguroooo.

Decidí tomar el tren a Munich que partía a media noche. Cuando vi cuánto costaba, no se me cayeron los chones porque traía pantalón: 40 Euros. Osea que me costaba lo mismo que el avión y sin poner en riesgo mis huesitos. Me subí al tren, porque según eso arriba pasaba un señor y me cobraba... ¡Pero no lo hicieron! me baje corriendo del tren al llegar no fuera a ser que se dieran cuenta.

A las 04:00 am llegue a Munich y había muchísimos chavos perdidos de borrachos, pero tranquilos. La estación seguía de fiesta: en los kebbabs estaba la música, todos bebían y cantaban. Los guardias sólo se limitaban a checar que los que ahí tirados no tuvieran una congestión alcohólica. Algo loco, porque en Madrid no dejan tomar en la calle y ahí lo hacían frente a la autoridad. Pero yo no estaba como para chupar, estaba cansadísima y quise dormir en el piso. Cosa que no logré.

Amanecía y yo estaba agotada, con frío y sueño. Cuando me asomé a la calle fue peor: llovía a cántaros. Yo solo quería un lugar suavecito donde poner mis nalguitas. Entender el transporte publico alemán, esta en alemán aunque lo traduzcan en inglés de babelfish. Me tarde media hora en enterarme a dónde ir y cómo.

Y es que las grandes ciudades de Europa tienen 2 o 3 estaciones grandes de tren y yo no sabía ni para dónde. Como buena computita, busqué en internet (30 mins un euro!!!) para investigar hostal y direcciones. Me conecté al messenger, buscando hablar con alguien, pero eran las 02:00 am en América. Mandé un par de mails tratando de no llorar y que no se notara que si lloraba. Eso de llorar frente a una compu rentada es tan loco, seguro que a quien le haya pasado lo entiende.

Oktoberfest bajo aguaComo a las 10:00 am me animé a salir de la estación y llegué a la estación central. Afortunadamente encontré fácil el hostal y en una hora me dijeron que si había lugar (¡camita por fin!), pero el check-in era hasta las 3, así que me fui al Oktoberfest, que estaba cerca. Hice una escala técnica para comprar un paraguas, la lluvia no cedía.

Llegue al Oktoberfest y se me hicieron unas fiestas de octubre (de Guadalajara) primermundistas, pero nada del otro mundo. Pensé... ¿Tanto para esto? ¡Dónde esta la cerveza!. Muchos juegos mecánicos, lugares donde te venden la salchicha esa verde con pan, pretzels y unos bar-carrusel era lo único que veía. Me compré mi salchicha (que sabe muy rara) y casi muero atragantada. Tuve que vomitar tantito porque se me fue por el otro lado y no tenía bebida, ¡ouch!.

Por fin me dí cuenta dónde estaban las megatabernas en las que vendían tan preciada bebida. La verdad, ni ganas tenía de cerveza, pero quería sentarme y secarme aunque fuera un poquito. También buscaba una cara latina y pegármeles para tomar. Digo, mi alcoholismo no es tanto como para tomar sola.

No encontré a nadie y tampoco podía entrar a esos lugares paradisíacos. Solo podía ver por las ventanitas a un montón de gente divirtiéndose alcóholicamente, secos y chupando. Me largué de ahí decepcionada. ¿Para eso vine? ¿para ni siquiera entrar?. Como sea, eran más mis ganas de camita suave y ropa seca. Llegue a mi habitación, me puse mi pijama y me dormí.

El wombats hostel (el mejor hostal del mundo) es de habitaciones mixtas y había un mocoso roncando en una litera. Estaba tan cansada que dormí genial y hasta las 8. Quería regresar al Oktoberfest porque yo según yo, era el último día. Pero en el bar del hostal (el mejor hostal del mundo, ¿ya lo dije?) unos individuos me informaron que el día siguiente era el último día. [singlepic id=118 w=320 h=240 float=left]

La buena nueva me animó y como era la hora feliz (1Euro la cheve de 0.3 lt) me puse a tomar con un par de gringos, una canadiense y bastantes australianos.

Quizá para los que no han tenido las suerte/ganas/loquesea de estar en un hostal no lo entiendan. Al parecer, sólo somos una bola de borrachos presumiendo los lugares a los que hemos ido. Pero es mucho más: una australiana que conocí en Madrid lo definió bastante bien: se forman relaciones temporales-fuertes al compartir experiencias muy similares, como la mensada de mi avión o el negro acosador de Amsterdam.

Para mi, estos compinches fueron aquellos que me ayudaron a salir del hoyo y con quienes me la pase de increíble. Por lo tanto, fueron la mugre de mis uñas el siguiente día y medio. La verdad el hostal está medio sangrón, tienen muchos carteles con un humor bastante gringo-idiota. Pero la gente es amable, hay espacio suficiente y está bien organizado.

Y lo mejor es el bar que te permite emborracharte sin salir de "casa". ¡Qué bonito!, ¡snif!.

Como sea, ese día y por increíble que parezca no me puse borracha. Platiqué y platiqué en mi fluidísimo inglés -en serio, resultó que hablo perfectamente gabacho- y al día siguiente ya tenía con quién ir al Oktoberfest.

Fue increíble cómo el día comenzó tan mal y terminó genial.

4 comentarios:

No le cuentes a mi madre » Blog Archive » Cuando llueve en Perugia dijo...

[...] el riesgo de que este primer post parezca una versión italiana de la más reciente publicación de Rox, me atreveré a platicarles de la vez que prácticamente fui salvado por un italiano y un [...]

Essex dijo...

Snif, nomas de recordar el wombats se me sale una lagrimita, tan lindo.

Cronicas de viaje, ciudades, pueblos. Mexico y el mundo a través de los ojos de viajeros. dijo...

[...] estación de tren de Munich está bajo tierra, para juntarse con el metro, supongo. La practicidad alemana está incluso ahí: [...]

http://throwingintotraffic.blogspot.com dijo...

En esta etapa hay una minoración hormonal, minoración de
colágeno y elastina. Cuídate por la parte interior y lo notarás
por fuera.