martes, 10 de marzo de 2009

Todo comenzó ahi. Dachau

Terminada la cruda emoción del Oktoberfest, decidí conocer Munich. Sin embargo, se me atravesó un tour al campo de concentración de Dachau. Es de esos tours a pata y, aunque estaba un poco caro (15E) me arriesgué.

El día estaba gris, con un ligero chipi chipi y el ambiente festivo había disminuido. Dachau es un pueblito que esta como a 20 minutos de Munich y tiene un lugar en la historia porque fue ahí donde Hitler puso el primer campo de concentración. En Munich, Hitler comenzó a adquirir poder, bajo el pretexto de la muerte de 16 nazis anuló los derechos civiles y comenzó su autoritarismo absoluto. Así que la gente que no estaba de acuerdo con las ideas de Hitler fueron perseguidas y enviadas a este primer campo de concentración.

[caption id="attachment_430" align="aligncenter" width="240" caption="Arbeit macht Frei - El trabajo nos hará libres"]Arbeit macht Frei [/caption]

Siempre relacionamos estos lugares con el holocausto judío, sin embargo, este comenzó como cárcel de trabajo para las personas no gratas para el nazismo. Principalmente gente que pensaba. Ahí se les obligaba a trabajar esclavizados y muertos de hambre hasta morir. El resultado de Dachau fue tan exitoso para el propósito nazi, que a medida que iban expandiendo sus dominios, iban poniendo más campos. Algunos como el tristemente famoso Auschwitz eran casi destinados al exterminio, pero otros siguieron con este perfil de fábricas de armamentos.

Primero recorrimos las pocas barracas que mantuvieron arriba, ya que casi todas las tiraron.  Éstas son básicamente las que hemos visto en las películas, como "la vida es bella". En estos lugares, el más fuerte es el que sobrevive, así que el guía nos explicó que los que podían subir al tercer piso de la litera, tenia más probabilidades de sobrevivir, ya que los de abajo están débiles y por lo tanto enfermos, lo que eleva las probabilidades de contagio.  Además, si se moría durante la noche el compañero de a lado, el que quedaba vivo estaba prácticamente condenado ya que un cuerpo frío a lado no te calienta y mueres también, pero de frío.

[singlepic id=110 w=270 h=190 float=left]En la primera etapa de este campo de concentración, las barracas se conservaban impecables pues los nazis eran pulcrísimos. Entonces, los presos tenían que limpiar perfectamente su hogar prisión después de trabajar como esclavo 12, 14 horas. Casi al final de la guerra, eran focos de infección. Las enfermedades mataban a más gente que los nazis.

Una de las llaves del éxito de los campos de concentración, es la despersonalización de la gente. Nunca hubo un registro de quienes eran. Al entrar se les asignaba un número y ya. Conforme avanzaba la guerra, llegaba gente de diferente perfil, por lo que para diferenciarlos, les ponían una señal de color en su uniforme.

Los castigos que el guía nos describió, complementados con las fotos me impactaron mucho. Hubo uno en especial, una especie de crucifixión colgados con los brazos dislocados y juntos. También ahí se practicaron los experimentos con humanos. Los mataban a presión para saber a cuanta aguantarían sus pilotos en los aviones y los usaban como práctica de bombas biológicas.

[singlepic id=111 w=200 h=160 float=right]Mucha gente prefería el suicido, así que miraban a algún nazi de frente (prohibidísimo), se paraban en el pasto o se lanzaban contra la reja electrificada. En el momento de máxima genocidio, tuvieron que fabricar otro incinerador más. Este quemaba gente 24x7 y no se daban abasto.

Mi guía era extraordinario, sabía mucho de la historia y tenía la capacidad de transmitir el sentimiento de dolor propio del lugar. Las incineradoras y la cámara de gas fue el lugar que más me impactó. El lugar es muy similar a una de esas naves de fábricas, sin embargo, en estas entraban personas caminando y salían cenizas.

El engaño de la cámara de gas de la lista de Schlinder también se practicaba en el lugar. Incluso, el lugar tiene el letreros de "regaderas" en alemán. Las regaderas existen, pero claro, sólo es una pantalla. Una vez cerradas las puertas y, por unas ventanas en la pared les aventaban bombas de gas que en 20 minutos los mataba.

Una de las cosas que más me gustan de viajar es llegar a un lugar y tener un sentimiento de la nada. Sin embargo, siempre había sido un sentimiento de alegría. Estas regaderas, el techo bajo, el estar parada en un lugar donde tanta gente fue asesinada produjo en mí un sentimiento de dolor. Me sentía asfixiada y las lágrimas se me salieron. Fue algo muy fuerte, no quise ni tomar fotos del interior, me pareció una falta de respeto.

Una vez terminado el homicidio, les revisaban la boca por si tenían oro y los metían a los hornos de incineración. Como es de suponerse, no había distinción de cenizas ni razón por las cuales hacerlo.

[singlepic id=119 w=270 h=190 float=left]Ahora hay varios "memorial" de las principales religiones de todo el mundo. También hay una estatua en honor a los miles asesinados: el preso desconocido. Esta estatua mira hacia el frente, en una posición relajada.  Posición impensable para los reos, ya que una de las torturas diarias era estar parados durante horas en posición de firmes y con la cabeza agachada, sumisa.  Esto bajo cualquier condición climática o de salud.

También hay un museo y pasan una película. Las imágenes e historias en ambos son muy fuertes. Aunque Hollywood y el Discovery Channel ya nos han llevado este tipo de situaciones a la pantalla, el estar en el lugar donde todo pasó, pega mucho más fuerte.

Regresé a Munich con un sentimiento de tristeza e injusticia, lo vivido me confirmo que somos una especie como cualquier otra y aun peor, porque teniendo la inteligencia para crear nos dedicamos a destruirnos.

Sé que al viajar buscamos divertirnos, que todo sea bonito y llenos de con recuerdos Kodak y fotos para el Facebook. Pero experiencias así deben vivirse, para no tomar a la ligera manifestaciones similares. Han pasado más de 60 años y ahora, los libertadores hacen muros.

6 comentarios:

Patricia dijo...

Esta parte de la historia es una de las cosas que más me interesan, nunca me canso de tener más datos ni conocer más sobre esto, por que como dicen por ahí "Quien ignora la historia está condenado a repetir sus errores"

Pero bueno.

Excelente post, muy conmovedor y muy bien redactado, dan muchisimas ganas de visitar Dachau.

Que estes bien.
Bytes!!

Cristina dijo...

¡Bien! Transmite mucho, tanto que ese sentimiento de tristeza me recordo cuando fui a Lourdes, yo con espíritu aventurero y enfrentarme ante el dolor y esperanza de los enfermos, me dio un golpe duro en mis ganas de conocer cosas lindas y triviales.
Saludos. =)

Nefesh Bleu dijo...

Como bien dices, a 60 años de distancia, los libertadores hacen muros y los descendientes de las víctimas buscan cobrarse con quien se deje. Despojan pueblos de sus territorios y los bombardean. Se justifican sus barbaridades escudándose en la creación de un estado utópico y se roban la identidad nacional de donde quiera que se propagan para conquistar y prevalecer a costa de los habitantes nativos. Llevan un odio inconado en su código genético.

Quiero aclarar que no escribo con una postura ni antisemita, ni antiisraelita, ni mucho menos. Sólo digo lo que me ha tocado ver y pasar como resultado de convivir con ellos durante casi 5 años.

Es una gran tragedia lo que hicieron los nazis durante la guerra. Pero, por lo regular las víctimas a la larga se convierten en victimarios. Simplemente, la humanidad no aprende y lleva en sí misma la semilla de su propia destrucción.

Rox dijo...

Gracias por sus comentarios.

Al reescribirlo, también me puse triste.

controlzape dijo...

Tu frase de cierre es además de retechingona muy cierta. Bravo.

Berita dijo...

A mi también se me salió una lagrimita. Como dices lo mejor de los viajes son los sentimientos que te despiertan, todos diferentes en cada ciudad o pueblito que visitas. Yo no tomo muchas fotos pero cuando me acuerdo de lo que sentí en cada lugar que conocí es como si volviera a estar ahi. Cuando leí tu relato en el campo de concentración fue como estar ahi.