miércoles, 11 de agosto de 2010

Ricardo Piglia

Descubrir un escritor que te vuela la mente es tan emocionante como enamorarse.

Eso me paso con Ricardo Piglia, en Cuentos con Dos Rostros. Tengo que confesar que leer el libro (disponible completo en la liga, de nada) me costó un poco de trabajo. Sobre todo porque leí el prólogo de Villoro y los últimos cuentos porque eran los más cortos (pinche huevona). Pero al leer el primer cuento titulado “En otro país”, las piezas comenzaron a caer en mi cabezota. El cuento es semiautobiográfico y está lleno de personajes singulares. Pero por sobre todo, las historias ejecutan la tesis que tiene Piglia sobre el cuento:
Con los cuentos es preciso, a diferencia de lo que la gente cree, tener antes dos anécdotas y no una sola. Cuanto más breve es la forma se necesita más de una historia- ¿Por qué? Porque en tanto se entretiene al lector con una historia, se prepara la que verdaderamente interesa contar.
Rescato algunos extractos que, inmersos dentro de los cuentos, me encontré sobre la literatura, narrar y escribir.
En esos días, en medio de la desbandada, en una de las habitaciones desmanteladas empecé a escribir un Diario. ¿Qué buscaba? Negar la realidad, rechazar lo que venía. La literatura es una forma privada de la utopía.

Mi padre, dijo Ratliff, fue un narrador excepcional. Vendía máquinas de coser por el campo. Andaba de un lado a otro, con un camioncito entoldado y paraba en las chacras y se sentaba a la sombra de los tilos a conversar con las mujeres que le ofrecían limonada. Era capaz de vender una máquina inservible usando el arte hipnótico de la narración. Narrar, decía mi padre, es como jugar al póker, todo el secreto consiste en parecer mentiroso cuando se está diciendo la verdad.

Nunca sé si recuerdo las escenas o si las he vivido. Tal es el grado de nitidez con la que están presentes en mi memoria. Y quizá eso es narrar. Incorporar a la vida de un desconocido una experiencia inexistente que tiene una realidad mayor que cualquier cosa vivida. Un narrador debe ser capaz de crear un héroe cuya experiencia supere la de todos sus lectores, decía Steve. Ningún novelista que yo sepa, en este siglo o en algún otro, ha asesinado a nadie en la vida real. Cuando lo dijo estaba demasiado borracho y yo no entendí el sentido de lo que estaba diciendo.
Por fortuna (y a veces desgracia) he aprendido a identificar ciertas partes de los cuentos, para después, escribir y masacrarlas. Este ejercicio de prueba y error en mis cuentitos a veces sale, a veces me rebasa. Por eso es que encontrar nuevas tesis sobre la estructura de algo tan complejo como es un cuento, es como sentir los copos de nieve en la nariz.

Piglia es un imperdible, créanme.



Desagravio, un cuentito que me encontré por ahí.

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