lunes, 4 de octubre de 2010

El microbús de la muerteeee!


Warning: El siguiente post está lleno de lugares comunes, clichés y provincianadas.  ¿Pero de que otro modo se puede escribir sobre el microbús de la muerte al que me subí en el Distrito Federal?
El viernes pasado por la noche, el macrobús chilango nos vomitó en el parador de La Raza.  La lluvia que nos persiguió por todo Insurgentes, se hizo presente en el puente de la citada estación. Instalada en mi papel de diva-viajera-conocedora-de-ciudades, guié con paso firme a mi querido amancebado al parador de microbuses (equivocado).  Con la cabeza gacha (la lluvia había arreciado) admití mi error y volvimos a cruzar el puente que evita que atropellen chilangos en insurgentes hacia el parador correcto. Un poco mojados, trepamos a un microbús que era promovido por el gerente promotor de microbuses con alaridos de "Subaseeeee Vallejo-La Curva Subaseeeee". 
Para quien no conozca la avenida Vallejo les diré que es una de las arterias del norte de la ciudad que conectan a Chilangolandia con el Estado de México.  Hasta hace algunos meses, la avenida constaba de 16 carriles de ida y 16 de vuelta.  Admito que ese ancho es relativo a mis ojos pueblerinos que se asustan al ver tanto coche estacionado, edádedió.  Supongamos que la medida correcta era 4 y 4.  Y digo era, porque a Ebrad gracias, el macrobús pasará por la congestionada avenida.
Pero aún no pasa.  El multipresumido sistema de transporte está en construcción y el tráfico en Vallejo se limita a 2 carriles de ida y 2 de vuelta.  Estos carriles están separados por unos tambos de plástico naranjas cuya función es prevenir que se invada el carril que va en sentido contrario y salga uno fotografiado en el Alarma!
Así que íbamos trepados en el micro, muy sentaditos en uno de esos sillones largos desde donde se mira al chofer mentar madres.  El micro no tenía nada de especial: peluchito en el tablero, la virgencita con lentejuelas, las frases chuscas pintadas en la pared.  Si acaso, la edad veinteañera del chofer y la música electrónica salvaban un poquito al microbús de la muerte de ser un cliché citadino.
El microbús de la muerte arrancó con el pasaje de sentado lleno y el punchispunchis a todo volumen.  Dio vuelta en Vallejo y el horror comenzó.  A través del parabrisas mal-limpiado, pude ver montón de luces estacionadas.  Suspiré pensando en los pambazos fríos que nos esperaban dentro de un par de horas en casa de miagüelita.  Pero el chofer no pensó lo mismo.
Esquivando los contenedores rojos cual adolescente a sus padres, el chofer manejó kilómetros en sentido contrario antes de llegar a un semáforo / intersección.  Entonces, se metía justo al frente de la fila chingándose a todos los conductores que respetan la vida de los demás. Les dejo una gráfica informativa, porque aún me pongo nerviosa cuando recuerdo la experiencia cercana a la muerte.
Micro
Ya sé lo que van a decir: imposible que recorra kilómetros, la construcción no abarca más de N kilómetros.  Pero las leyes de la longitud física indican que, si va uno en sentido contrario e invadiendo carriles como loco desquiciado, cada metro se convierte en kilómetros.
El chofer se dio el lujo de orillarse a la orilla y subir más gente, hasta llevar a algunos valientes en la clásica posición de "mosca". El trayecto lo recorrí abrazada de mi amancebado, en parte por el apachurramiento y en parte, por miedo. Obviamente, llegamos sanos y salvos hasta la colonia de miagüelita.  Yo quería hacer una demanda ciudadana ante las delegación Gustavo A. Madero, pero me acordé que tenía que tomar otro microbús. 
Así que mejor hice este post.

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