martes, 12 de octubre de 2010

La raíz griega de Rox


Había llovido. Guadalajara amanecía con neblina y ese olor a tierra mojada del tantas canciones se han hecho.  Me puse un abrigo largo sobre la pijama, bufanda y tenis.  Palomo ya estaba brincando en la puerta.  Todos los días, sin importar el clima o las horas dormidas lo sacaba a cagar antes de las 8 am. 
Caminé hasta un canal de agua en donde crecían plantas silvestres.  Solté a Palomo, ensalivé mis dedos y los llevé a mis ojos para quitarme las legañas.  Mientras veía a Palomo mear, pensaba en esa aspiradora ultrapotente que dejaba la basura en agüita y que costaba 3 mil pesos.  Tenía que dar el anticipo saliendo de trabajar.  Escuché mi nombre y volteé.  Una pelirroja de labios cereza me saludaba. Era Laura, mi maestra de Etimologías Grecolatinas de la preparatoria. Llevaba un abrigo negro con peluche en el cuello y su pelo esponjado estaba contenido por una diadema.
Me contó que aún seguía dando clases en la misma preparatoria y, como suele ocurrir en esos encuentros a años luz, me preguntó que había hecho de mi vida ¿Cómo resumes siete años de tu vida en tres minutos? Estudié y terminé la carrera de Informática y dos años después me casé.  Si, Palomo es mi bebé.  Mi marido está en casa alistándose para irse a trabajar.  Claro que yo también trabajo maestra.  Programo para vivir y me gusta mucho.  Mi hermana sigue estudiando y es igual de platicadora que cuando la conoció.
Nos abrazamos y la maestra Laura me dejó un beso cereza en la mejilla.  Ella fue una de mis primeras rol-model femeninas.  A sus cuarenta y tantos seguía soltera.  Para algunas de mis compañeras -y sus madres-, el estar “no casada” era un estado social inaceptable.  ¿Cómo podía vivir así?  En algún viaje de la escuela, la maestra Laura nos dijo cómo: viajando, viviendo en otros lugares del mundo, estudiando lo que te apasiona, conociendo gente que te mueve.
Llamé a Palomo y regresé a casa pensando en el resumen de mi vida.  Tenía 25 y todo había salido conforme a lo planeado por mis padres, mis abuelos, sus abuelos y todos mis ancestros.  Un retortijón en la panza me acompañó todo el día en el trabajo.  Aquella mañana, no sólo me encontré a mi maestra de etimologías.  Me encontré a mi misma; a esa Rox que nunca existiría.  
Por la tarde, llamé a la vendedora de aspiradoras y cancelé mi pedido.

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