jueves, 7 de octubre de 2010

Mi vida online III o No señor Villoro.

Nuestros autores favoritos son algo una mezcla de gurús y dioses. Es un amigo que no sabe de nuestra vida pero que, en cierta manera, le da una línea. Algo así es para mí Juan Villoro. Antes de conocerlo en la FIL del año pasado, sólo había leído "Dios es redondo". Ahora me faltan acaso un par de libros suyos por leer. Mi favorito, por si se lo preguntan, es "Materia dispuesta".

De Villoro admiro su inteligencia, su sentido del humor, la manera directa de decir las cosas. Su pasión por las letras se le nota en los ojos y cae en sus palabras. Por eso, sigo sus artículos en internet y atasco el timeline de mis amigos imaginarios con sus textos. Sin embargo, hoy leí este artículo suyo, derivado de una suplantación de identidad auspiciada por Facebook, que me hizo reflexionar.

En el futuro todos seremos imbéciles. No me refiero a un deterioro de la especie, sino a la imagen colectiva que posiblemente dejará nuestra época. Si los arqueólogos del porvenir estudian nuestro comportamiento virtual, encontrarán una civilización del equívoco. Imaginemos que los libros desaparecen y las únicas pruebas de nuestro paso por la Tierra son los mensajes digitales. En ese horizonte sombrío, Wikipedia, Facebook y Twitter tendrían la importancia del Código Hammurabi, la piedra Rosetta y las inscripciones cuneiformes en el palacio de Nabucodonosor II. (...)

No hay identidad a salvo. Cualquiera puede suplantar a cualquiera. El resultado es el opuesto al del carnaval. Las máscaras venecianas permiten una rara sinceridad; al amparo de un disfraz, se puede decir lo que uno desea sin que eso resulte comprometedor. En cambio, en Facebook no te vuelves Yolanda para ser tú mismo sino para desprestigiarla a ella. Nunca la inexactitud había dejado tantos rastros.

Juan Villoro sigue teniendo mi respeto y admiración, pero no comparto su opinión sobre redes sociales y en general, lo que llama "comportamiento virtual". Como blogger, estoy muy orgullosa de las letras que he escrito y que se encuentran atascando bytes de servidores gringos. Desde hace seis años, pocas cosas son las que he dejado sin publicar.

Tengo cachos de mi vida -y de mi mente- repartida en posts y me siento muy orgullosa de ello. Quien me lee, puede tener opiniones (buenas o malas) sobre mi redacción, mi forma de pensar o la fealdad de mi cara. Sin embargo, no debiera dudarse de la sinceridad de estas letras.

Señor Villoro: somos muchos los que pertenecemos a esa otra cara de la moneda. Los que no somos ni suplantadores de identidad, trolls profesionales, o estafadores. Detrás de los medios de comunicación -llámese radio, periódicos o internet- hay gente. Hay quienes construyen y transforman.

Si mi artículo en la Wikipedia (que aun no existe) indica que fui -o soy- bisexual, amante de los gatos o emperadora de los interwebs, me tiene sin cuidado. Con que hasta abajo estén las ligas a mis 50 blogs, me doy por bien pagada.

 

 

PD. Por cierto, el blog de chismes personales se ha mudando a posteriuouuious.  Avisados están stalkers.

8 comentarios:

Dartle dijo...

Amén.

Es triste que los HOYGAN le den tan mala fama al internet, pero bueno, así son las cosas.

Lilián dijo...

Lo que quiero pensar y que, de hecho, creo es que los escritores, digamos, ya consagraditos nomás no le entran a los internetz. No crecieron con él, ergo: dudan. Está muy chafa el asunto porque bien mirado es nomás un resistirse a entrarle a la modernidad. Igual que los detractores de la radio decían que la música clásica había muerto.
Por otro lado, creo que nuestra generación ama al internet, pero tal vez por las razones equivocadas: estamos bien metidos en él. Crecimos con él. Antes que ese cúmulo de información y de compartir textos etcétera, era ese lugar al que nos metíamos en nuestros ratos de ocio. El ocio sigue, pero algunos lo han usado mejor o, felizmente, le han encontrado un uso alterno mucho más interesante.
Si muchos de los que somos aprendices de escritores llegamos a serlo en serio, digamos por ahí del 2034, no denostaremos la red per se, de la misma manera que los escritores de hoy no denostan la televisión a no ser por sus contenidos. Recordaremos la etapa blogger y la etapa Twitter y las que vengan en el futuro, que sin duda vendrán. Seremos la generación 2.0. O bueno, no, pero algo así. Los hijos del internet.

zonico dijo...

Chale, pensé que te había dejado un comentario en esta entrada. Recuerdo que cuando terminé de leerlo hasta pensé que te iba a poner y todo eso pero por lo visto nomas lo escribí en mi cerebro y ya ahorita ni me aceurdo que era n_n

Rox dijo...

Dartle: HOYGAME!

Lilián: Chafísima digo yo. Retomaré (aka plagiaré) algunas de tus ideas pa' otro post.

Zonico: Yo no borré nadita, júrolo. Y ya deja la mota (para los demás)

Saludos!

Guffo Caballero dijo...

Varias ideas sin orden:

Comparto en cierta forma lo que dice Villoro. Pero no creo que sea miedo a lo nuevo...

Yo lo veo como que, si antes no lo teníamos y las cosas como quiera nos funcionaban y nos siguen funcionando, pos pa´que suplantarlas. Pero, para muchos de nosotros, que no tuvimos ni tenemos sus oportunidades, el Internet es un aliado muy cabrón, aunque no nos haya tocado desde que nacimos. Lo buscamos y nos familiarizamos con él porque buscamos una oportunidad que en otros espacios no tenemos. ¿Para que querría Villoro tener sus cuentas de Twitter o Facebook, si es y seguirá siendo un escritor exitoso?

Wikipedia se volvió el mismo pedo que las estámpitas que comprábamos en la papelería para hacer la tarea de la escuela, nomás que ahora la facilidad de hacerlo y la hueva son exponenciales, jaja.

En lo personal, el repudio que siento hacia Twitter, Facebook y otras redes sociales (menos Blogger) es simple indiferencia. Me da hueva tener a tanta gente de la que no me interesa estar al pendiente ni me interesa que estén al pendiente de mí. Aparte, siento que quitan mucho tiempo que se pudiera emplear en hacer cosas más sabrosas.

Y sí: imagina que la memoria histórica sea el Twitter. Chavitos y chavitas diciendo que van a cagar, que tienen hambre, que están en el cine, que están "contentis"... no mamen. Y luego, vienen los famosos a abrir sus cuentas y le quitan la oportunidad a los don nadies de ser alguien, aunque sea en el Twitter. Qué triste, snif.

Como lo dijo Saramago, con eso de los 140 caracteres: "Al rato vamos a volver al gruñido".

Saludos.

NUEVE VIENTO dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
NUEVE VIENTO dijo...

Alguna vez en un programa de televisión escuché decir a Villoro que para comprender o tratar de comprender a una sociedad y su época habría que revisar en qué se entretenía esa sociedad (esa vez hablaba sobre fútbol) e indudablemente la revisión de lo que hacen y escriben las personas en sus cuentas incluyendo blogger será parte importante para ver qué carajos hacíamos pegados a la computadora y coincidiendo con Guffo será triste pensar que comentarios como “voy a cagar” hablarán de nuestra época y de nosotros, será pues memoria histórica y la gente de ese futuro preguntará ¿eso hacían con internet?, (Recuerdo un cartón de Luis Fernando donde unos arquéologos futuristas en una excavación encontraban un tupperware del período clásico jaja) así mismo buscarán en nuestras cuentas, pero aún así, encontrarán cuentas auténticas que hablen "de cachos de vida repartidas en posts y no dudarán de la sinceridad de esas letras"

Angel B dijo...

No sé debajo de qué piedra vivo que no había visto este post hasta ahora. Deberé flagelarme con un cable de USB por no comentar hasta ahora.

Leí lo de Villoro cuando me lo enviaste (por Twitter) por cierto. Y en este sentido caigo mas en el campo de Lillian. Escuché mas un rechazo a lo nuevo e ignorancia de muchas situaciones que otra cosa. No niego que la situación que vivió es muy desagradable, pero también era evitable. Mi única respuesta para él sería "Nadie le echa la culpa al coche cuando a alguien se le quedan adentro las llaves."

Por otro lado los comentarios han estado buenos, solo le respondería a Guffo que todas las redes sociales son tan aburridas o interesantes como uno las haga. Eso para mi es la base de todo. Nadie nos obliga a seguir a ninguna persona. Si Facebook (y esta podría ser la única excepción)o Twitter es aburrido es porque lo hicimos asi con nuestra elección de personas que seguimos.

Y respecto a los arqueólogos del futuro yo me preocuparía mas que
encontraran puros centros comerciales, a los que seguro confundirían con lugares religiosos o para socializar porque ¿que clase de sociedad necesitaba tantos centros comerciales? ;)

Saludos y felicidades