jueves, 14 de octubre de 2010

¡Pasteles felices! ¡Amor para todos! :)


Nunca había probado la mariguana.  Corrijo: nunca había sentido los efectos de la mariguana.  Un tiempo, no lo niego, por fresa.  Cuando por fin me decidí, mi incapacidad hereditaria para fumar me lo negó.  Lo intenté con pipas y con cigarros.  Pero nada.  Sólo me tocaba quedarme sentada en un rincón, y ver a los demás reírse como poseídos por el payaso.
Desesperada, el domingo pasado compré un molde para hacer pastel y un paquetito amarillo de harina chocolateada.  De esos con instrucciones de “sólo agregue leche, huevo y tírese a ver la novela de la tarde, vieja fodonga”.  Antes de continuar con la historia pacheca, quiero hacer una pausa.  No me gustaría que, el haber hecho pastel de cajita, manche la respetable imagen que se tiene sobre mí como cocinera. No se confunda: yo hago unos brownies deliciosos.  Esponjaditos, la cantidad exacta de mantequilla, con nuez y azúcar glass.  La cosa es que había que comprar muchos ingredientes y yo sólo tenía leche, huevo y mariguana.
La mariguana horneada es deliciosa.  Le da al chocolate ese sabor fuerte que contrasta con el cacao amargo y el azúcar.  Como el chocolate con chile de los aztecas, o los chocomints de Seinfield.  Yo le espolvoreé un poco en la superficie y esa quedó doradita.
El efecto se siente casi dos horas después, cuando se hace bien la digestión.  Mi amasiato y yo estábamos viendo una película cuando la maría nos llegó al cerebro.  De pronto, los personajes comenzaron a verse en con más definición, como en Bluray con televisionsota de HD.  Oooralee.  Cuando se acabó la película comenzamos a platicar sobre los personajes, la trama, la forma de contarla.  También reflexionamos sobre la guerra civil española. 
En realidad, no sé de qué chingados hablamos, sólo sé que comenzamos a reírnos.  Sólo recuerdo que le decía que no se riera, que me daba risa.  Y él me contestaba que de qué me reía.  De pronto, los sentidos se hicieron más presentes y la mente más ausente. Las ideas avanzan tan rápido que mis pensamientos andaban en hipervínculo, dejando mochas las ideas iniciales.  
Cuando pegó más fuerte, me dio por escribir.  Entonces, las letras pasaban por mi cabeza y por mi mente a un chingo por hora.  Los ¿oyes eso? se hicieron presentes y la risa de idiota, incontrolable.
Quiero confesar que todo esto de volver mariguano a mi viejo tenía un motivo oculto: me habían dicho que la palabra coger adquiere una nueva dimensión estando high.
Y VAYA QUE LO ES.  Por ahora, no digo más.
Después hice el ridículo más grande de mi vida, nos dormimos y tuve un chingo de sueños que me hicieron gritar, estamparme contra pisos y rebotar en mil burbujas, ser correteada por soldados después de haber sido frontwoman en un concierto de rock y por supuesto, volar.
Al día siguiente, me sentía desvelada pero feliz.  Muy feliz, como cuando te enamoras y pasas la primera noche entrepiernados.  Feliz de ir abrazados contra el aire frío, feliz de amors.  Si no me creen, científicos ingleses confirman mi sentir.
Así que como dicen los de Nike, Just Do It.

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