domingo, 24 de octubre de 2010

Talleres, pasiones y piñatas


Estoy leyendo “El Testigo” de Juan Villoro y “Apuntes de un escritor malo” de Mauricio Bares.  Ambos, abordan de muy, pero MUY (quiero hacer hincapié en el MUY) diferente manera y forma el tema de los talleres de escritura.  Eso de leerlos juntos o el que tengan el tema en común, no fue a propósito.  Es algo que simplemente pasó. 
Este domingo, dos textos me conmovieron.  Tuve que limpiarme algunas lágrimas en mis cachetes y los pelitos de los brazos se me levantaron.  Y no, ninguno de esos textos son de estos autores publicados en papel.  El primero, trata de las experiencias de un extranjero en México.  Vivió en nuestro país dos años y le ha llegado el momento de volver.  En sus letras, más que lugares, está el sentimiento de pertenencia, de agradecimiento, de disfrutar al máximo un lugar. Lo que yo llamo vivir.  El segundo, es de la Nenamonstruo y habla de su feliz compulsión por escribir.  El texto lo pueden leer acá.
Ayer dejé mi taller de escritura.  Más que sentirme atorada, sentí que hasta ahí había llegado su labor.  También me harté de ser tan criticona.  Una cosa es entender qué está mal en un texto y otra, volverse obsesiva al respecto.  Mis obsesiones, no deben sacrificar la pasión.  Quiero leer textos apasionados como ésos, pero sobre todo, quiero escribir textos apasionados.
Ya pasó un año desde que mandé el trabajo a la verga y decidí dedicarme a escribir.  Las cosas no han salido como yo esperaba, sin que eso signifique que hayan salido mal. Simplemente, me vendé los ojos para pegarle a la piñata, cuando ésta todavía cuelga de muy arriba. 
Mis letras han cambiado, pero sobre todo, he cambiado yo.  Soy más tranquila y estable.  Leo más.  Río más.  He dejado algunas obsesiones y han nacido otras.  Gente ha entrado y salido de mi vida.  He tenido momentos muy tristes y me he sorprendido disfrutando de otros más. Sigo amaneciendo emputada -me caga despertarme- pero cada día que pasa, el mal humor se va más temprano.  Tengo la sospecha que en mucho de eso, ha tenido que ver mi amasiato, que encontré en el pinche taller de escritura.  Él también quiere pegarle a la piñata, aunque su palo es más grande (ejem).

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