miércoles, 10 de noviembre de 2010

Hace unos días, fui al 2004


Todo estaba ahí, como dice la canción de JuanGa, en el mismo lugar y con la misma gente.  Las fotos enormes de Thalía y el Putrillo en la pared rosa mexicano de la sala. Más pequeñas y deslavadas, las fotografías de los ídolos del cine mexicano: Jorge, Pedro, Cantinflas y Etcéteras.  Del techo colgaban piñatas, papel picado y lámparas de latón y papel. Debido a la época del año, había algunos fantasmas y calaveras colgando también.  Ni siquiera han cambiado los televisores que pasan videos noventeros.  Son de esos que tienen un enorme fondo y rejitas para la ventilación.
El alcohol adulterado era gratis por ser Ladies Night y las meseras, siguen usando el sexy traje de colegiala. Supongo que la fantasía de adolescentes putitas nunca estaráout.  Lo único que ya no estaba, era mi galán (imaginario), con quien sostuve un apasionado romance (imaginario) y que terminó por celos profesionales (imaginarios). 
En aquellos tiempos, mis amigos y yo solíamos ir al antro ese.  Yo gritaba, bailaba y me emborrachaba sobre las sillas hasta las 2:00 de la mañana.  Más de una vez, mi amiga X y yo, nos ganamos un pomo, por berrear como poseídas.  Sí, éramos más jóvenes y menos sabias.
Esta vez, fui porque Vedder tocaba (No Eddie Vedder, o-bvi-o).  Hace mil años que no veía a Vedder.  Es más, nunca había escuchado los guitarrazos de Vedder, a quien ahora, lo llamo por el nombre que le puso su mamá.  Vedder es, en mucho, responsable de que haya migrado de Guanatos a Querétaro, ya que me consiguió trabajo.
Mientras veía tocar al Jesucristo del Rock* tocar Cielo por tu luz, por esa caricia, pensé en esos años de locura juvenil.  Sin duda, fueron buenos años.  Muy buenos.
Pero no los extraño.
Y no porque ya haya “parrandeado” mucho y ahora me comporto. “Ya crecí”.  No lo extraño, porque ya no soy esa.  Los tequilas siguen, pero el escenario y los participantes son otros.  Ahora, prefiero la música original o de plano, la rockola de cantina.  Me gusta más platicar y alburear, a contorsionarme encima de una mesa.
La nostalgia es buena, hace que el corazón se sienta tibio.  Pero yo no vivo de los “viejos buenos tiempos”.  No quiero escuchar covers noventeros, ni vivir lo que ya viví.


* Mi viejo le puso ese apodo a Vedder: El Jesucristo del Rock. Dice que toca su guitarra extasiado y en completo trance, crucificando al Rock en cada uno de sus acordes. Que hace gemir a Magdalena, su guitarra. Y muere cada domingo, para resucitar el siguiente fin de semana. Eso dice.

No hay comentarios: