jueves 14 de octubre de 2010

Nuestra vida online IV o ¿Hay alguien ahí?

Antes que nada, recapitulemos:

En mi vida online I me jacto de ser una vieja zorra (ejem) y plateada del internet. Es un post autocomplaciente que debe leerse con precaución. Por fortuna, mi mente se aclaró en Mi vida online II. En esas líneas hablo de lo que he ganado y perdido por tener una vida online. Mi vida online III nació por un shock ideológico con un texto que encontré de mi idolazo, Juan Villoro.

Esa tercera entrega causó un enorme revuelo (es un decir) y hubo varios comentarios a favor, en contra y una abstención causada por la mariguana (¡HOLA Zónico!). Sin embargo, sus autores rescataron varias ideas sin orden que quisiera retomar.

Nueve Viento recuerda unas líneas de Villoro y hace una sabia analogía entre el futbol y las redes sociales (o nuestra vida online) con las que re-interpreto las palabras del escritor. En resumen, como sociedad tenemos la red social que merecemos. Y aquí, tristemente, tengo que admitir y compartir el hartazgo de Guffo y la tristeza de los hoygans de Dartle.

En este momento podría escupir al cielo (en diagonal) y maldecir a Carlos Slim (me debe varias). Puedo jurar que me importa muy poco cómo juzgue la historia, a ésta, la generación del internet. Que yo sigo con mis ochenta blogs y de aquí no me muevo. Lo cierto es que no quiero, que no me da la gana y que me preocupa.

Me preocupa, por un lado, que mis letras sean denigradas haber nacido en un blog. Por otro lado, me inquieta el volverme una cabezona berrinchuda en internet porque alguien ofendió a sus amigos imaginarios. Lilián lo dice sabiamente. Crecimos con él, perdimos el tiempo en él y hasta nos hicimos amiguitos utilizándolo. ¿Cómo no amarlo? ¿Cómo no defenderlo?

Pero hay que desenchufarse un rato y voltear a ver a la experiencia. Entender que existe algo más allá de un secuestro. Yo considero a Villoro de los mejores retratistas -en letras- de la sociedad mexicana. Algo sabe el viejo lobo y por eso, escucharé lo que tiene que decir.

Mi berrinche, puede ser kilométrico, pero también puede rebotar y no regresar otra cosa que eco. Me convertiría en un pinche twitter que lo mismo insulta a Calderón o a PauRubio.

Sigo pensando que el internet es el medio, no el fin. Hoy, Hernán lo dijo con sabias y hermosas palabras:
Es posible que en los últimos diez años hayamos perdido un poco de esa dicha, todos sentados a solas delante de un monitor. La nueva parafernalia, las primeras lucecitas de internet nos enloquecieron bastante. Dejamos de oler tinta con pasión, dejamos de escribir textos largos, los medios se convirtieron en empresas tristes, accionarias, reaccionarias. Perdimos el estatus de lectores y nos convertimos en la moneda de cambio entre el multimedio y el aupiciante. Entre el hambre y las ganas de comer.

Pero al mismo tiempo es verdad: el mundo digital es mejor que el analógico. ¡Pero solamente en sus formatos y en su velocidad, por el amor de Dios! No en contenidos, no en serenidad.
La verdad es que no me gusta el muro que se está levantando entre las letras cibernéticas y las letras en papel. Ya bastantes barreras tenemos como sociedad para añadirle una más. Por eso, me siento orgullosa de gente como Ángel BC, un caballero que se montó al corcel y está dispuesto a aguantar a los viejitos que piden una mayor explicación y a las viejas histéricas que exigimos programas de contenido menos explicativo.

Hay evidencias que no todo está tan perdido. Escritores respetados como Chimal o BEF montan con mayor gracia y soltura este caballote. Amontonados y bien amiguis, llega el pelotón monero / webcomiquero organizando pedas, exposiciones y congresos. ¿Y los bloggeros escritores?

No puedo dejar de mencionar el fenómeno que es Hernán Casciari. El caballero más pesado -y no sólo por su tamaño- del blog en español. Para los lectores que han vivido haciendo granjitas de facebook, les cuento. En el 2000, abrió un blogonovela sobre una mujer gorda. El sitio tenía tantas visitas que tiró el servidor. De ahí vinieron libros, publicaciones semanales en periódicos y revistas y otra de teatro. Hernán lo tiene muy claro; lo que quiere es escribir de lo que le da la gana y vivir de ello. Ahora, quiere distribuir su revista (sí, de papel) por el mundo y bajo sus reglas. Yo predigo éxito en la misión. Sus últimos posts en Orsai son realmente inspiradores. Tanto, que deberían dejar de leerme y largarse de aquí.

A los que siguen aquí (gracias, snif) les aviso. Debido a esa reflexión Villoro-Casciariezca, este blog, que nació como un sitio personal, cambia en cuanto su contenido. Ya sé que me lo cargo a cada rato, pero siempre lo retomo como un diario de quinceañera. Desde mañana, el exhibicionismo se queda acá. Probablemente, aquel sitio sea actualizado con más frecuencia. Tengo ese ególatra vicio de ser la protagonista de mis letras. Esta vez, tampoco haré borrón y archivado. No tengo tiempo, já.

Por el momento, aquí dejo el tema. Por último, sería bueno saber, si hay alguien ahí o que tanto rebota el eco.

jueves 7 de octubre de 2010

Mi vida online III o No señor Villoro.

Nuestros autores favoritos son algo una mezcla de gurús y dioses. Es un amigo que no sabe de nuestra vida pero que, en cierta manera, le da una línea. Algo así es para mí Juan Villoro. Antes de conocerlo en la FIL del año pasado, sólo había leído "Dios es redondo". Ahora me faltan acaso un par de libros suyos por leer. Mi favorito, por si se lo preguntan, es "Materia dispuesta".

De Villoro admiro su inteligencia, su sentido del humor, la manera directa de decir las cosas. Su pasión por las letras se le nota en los ojos y cae en sus palabras. Por eso, sigo sus artículos en internet y atasco el timeline de mis amigos imaginarios con sus textos. Sin embargo, hoy leí este artículo suyo, derivado de una suplantación de identidad auspiciada por Facebook, que me hizo reflexionar.

En el futuro todos seremos imbéciles. No me refiero a un deterioro de la especie, sino a la imagen colectiva que posiblemente dejará nuestra época. Si los arqueólogos del porvenir estudian nuestro comportamiento virtual, encontrarán una civilización del equívoco. Imaginemos que los libros desaparecen y las únicas pruebas de nuestro paso por la Tierra son los mensajes digitales. En ese horizonte sombrío, Wikipedia, Facebook y Twitter tendrían la importancia del Código Hammurabi, la piedra Rosetta y las inscripciones cuneiformes en el palacio de Nabucodonosor II. (...)

No hay identidad a salvo. Cualquiera puede suplantar a cualquiera. El resultado es el opuesto al del carnaval. Las máscaras venecianas permiten una rara sinceridad; al amparo de un disfraz, se puede decir lo que uno desea sin que eso resulte comprometedor. En cambio, en Facebook no te vuelves Yolanda para ser tú mismo sino para desprestigiarla a ella. Nunca la inexactitud había dejado tantos rastros.

Juan Villoro sigue teniendo mi respeto y admiración, pero no comparto su opinión sobre redes sociales y en general, lo que llama "comportamiento virtual". Como blogger, estoy muy orgullosa de las letras que he escrito y que se encuentran atascando bytes de servidores gringos. Desde hace seis años, pocas cosas son las que he dejado sin publicar.

Tengo cachos de mi vida -y de mi mente- repartida en posts y me siento muy orgullosa de ello. Quien me lee, puede tener opiniones (buenas o malas) sobre mi redacción, mi forma de pensar o la fealdad de mi cara. Sin embargo, no debiera dudarse de la sinceridad de estas letras.

Señor Villoro: somos muchos los que pertenecemos a esa otra cara de la moneda. Los que no somos ni suplantadores de identidad, trolls profesionales, o estafadores. Detrás de los medios de comunicación -llámese radio, periódicos o internet- hay gente. Hay quienes construyen y transforman.

Si mi artículo en la Wikipedia (que aun no existe) indica que fui -o soy- bisexual, amante de los gatos o emperadora de los interwebs, me tiene sin cuidado. Con que hasta abajo estén las ligas a mis 50 blogs, me doy por bien pagada.

 

 

PD. Por cierto, el blog de chismes personales se ha mudando a posteriuouuious.  Avisados están stalkers.