domingo, 13 de febrero de 2011

Tramparapapapapam

Hay un video en el que aparece mi hermana, cuando tenía 3 o 4 años. Era un festival escolar de esos que organizaban en el Kinder para mostrar a los padres el avance que habían tenido sus escuincles por estudiar ahí. Había canto, baile y tablas gimnásticas.

Los niños amontonados en el perímetro del patio esperaban, entre brincos y risas, el momento de pasar al centro. Las escenas de los actos en los que mi hermana no participa, son cortas. El camarógrafo -mi papá- tenía preferencia por su minihim. Por eso sale ella, moviendo las dos largas colitas al ritmo de la música, cantando las partes que se sabía y mandando besos cuando descubría a la cámara apuntándole.

A su grupo le tocó canto. Si es que un montón de niños gritando a su propio ritmo puede catalogarse como tal. Mi hermana siempre fue chaparrita, así que estaba en la primera línea. El audio de la cámara super-8 es un poco chafa, de esos que se oye hasta el aire. Sin embargo, se escucha con claridad la voz aguda de mi hermana gritando la canción. Cantaba sin verguenza o miedo, sabiéndose dueña del momento. Pero sobre todo, cantaba con huevos. Su voz está sobre la de los demás niños, sobre el murmullo del público, sobre el aire.

Me acordé de mi hermana y su "canto" cuando vi este video -vía Teresa Martínez- de Винни-Пух (Winnie Pooh en ruso). En la versión original, Pooh no es un oso huevón y puto. Es un poeta que compone canciones y las canta como sólo los niños (y Dave Grohl) lo saben hacer.


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