sábado, 11 de junio de 2011

Day 03 - a song that makes you happy

Estaba por cumplir dos meses de llanto. Que si no había tortilla, que hacía mucho frío, que no tenía amigos y mis caseros me pegaban (con la mirada). Todas las ilusiones y expectativas que tenía por irme a vivir en España se estaban yendo al carajo. Todo por culpa de un jamaiquismo chafa.

Entonces, comenzó a nevar. Cuando me asomé a la ventana del cuarto, vi una postal de Navidad: las copas de los árboles, antes encueradas, ahora tenían una capa blanca. Jardines, techos, banquetas y coches estacionados. Todo estaba nevado. Me vestí y corrí a la calle a pasear. En realidad, la nevada no había sido intensa. Sólo lo suficiente para causar caos vial y durar medio día. Por la tarde, cuando volví a casa, Madrid estaba lleno de charcos.

Vamos a Navacerrada me dijo Pedro Colombia cuando me quejé de la chafa nevada del día anterior. Un sábado cuando febrero estaba por terminarse, quedamos a las ocho en Atocha. Él llevaba un amigo. Los tres estábamos forrados hasta los dientes: chamarra de pluma, guantes, bufandas y botas. Pobres sudacas de tierra caliente. Tomamos un tren de cercanías rumbo a Navacerrada, el puerto de esquí de la comunidad de Madrid. Nos indicaron transbordar en un pueblito de cuyo nombre no puedo acordarme. Aún no había nieve pero sí mucho aire frío.

Un chú-chú y humo negro anunció al trenesito que nos llevaría al puerto. El interior de madera y asientos cubiertos de piel vieja, hacían que mientras avanzaba, el tren tuviera una personalidad especial. El sonido de la máquina era más fuerte que los modernos. Nuestras nalgas sonaban contra la piel y la madera crujía al subir. Poco a poco, el paisaje (montes llenos y re-llenos de pinos) comenzó a mancharse de blanco.

La estación de tren de Navacerrada estaba a las afueras del pueblito. Había que subir a pie. Tomamos la carretera, en las orillas había 20, 30 centímetros de nieve. La subida no fue fácil. El aire frío dificultaba respirar y molestaba a la cara. La blancura lastimaba mis ojos y por lo empinado y mi pésima condición física, comencé a sudar. Así que llegué a una cabaña media ciega, mojada y con frío. Un reconfortante caldo de algo hirviendo y con un chingo de grasa me reanimó.

Caminamos por algunas pistas de esquí, dejando que la nieve mojara nuestras botas y pantalones. Tomamos algunas fotos y dijimos ¿y ahora qué?. Ninguno sabía esquiar. Los convencí a rentar un trineo. Los colombianos me pusieron jeta como diciendo “eso es de niños”. Y el costo (¿6 euros? ¿18?) era demasiado para un estudiambre. Yo pongo la mitad. El trato (¿o lástima?) los convenció.

Arrastramos nuestro trineo rojo hasta una pista repleta de niños y principiantes del esquí. ¿Quién primero? Las mujeres por supuesto, así que caminé cuesta arriba. Cada pisada se hundía hasta la pantorrilla y tenía que inclinarme para subir. Además, el trineo pesaba, por más que pudiera deslizarse. Cuando llegué a la cima, respiraba con dificultad. Unos minutos después, estaba sentada en el trineo y movía las nalgas hacia adelante para empujarlo. Un niño pelirrojo me ayudó con un empujoncito y ahí salí yo, cuesta a abajo a toda velocidad.

“A toda velocidad” es un decir. Fue cómo aquella vez que me tiré en bicicleta del bordo de casa de mi abuelita. Cuando le perdí el miedo a patinar en hielo y crucé la pista en chinga. Cuando mi hermana me jalaba con la bici, a través de una soga, por la calle en patines. Fue tener menos de 13 años otra vez. Cuando las cosas sencillas son las que te hacen feliz.

Me aventé sola y acompañada. Bajé por lugares menos amigables, abriendo las piernas y gritando. Me aventé hasta que mis compañeros dijeron “para ya pinche Rosy”. Volví a Madrid con el pants empapado de las rodillas hacia abajo. Tuve que quitarme las calcetas y las botas.

Por primera vez desde que me había mudado, estaba feliz. Sin planearlo, me sentí eufórica y emocionada.


No fue la única vez. Esta canción la cantaba por las mañana con Lina. Cuando recién nos despertábamos y nos preparábamos para ir a trabajar. La bailamos y berreamos en pijama por todo el departamento.

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