jueves, 1 de septiembre de 2011

Tenis con vestido azul

El vestido de reinita lo tenía seleccionado y probado desde hacía un mes. Los zapatos no eran nuevos pero tenían escasas 10 puestas. Unos tacones plateados y altos. Su corte era bajo, apenas unos milímetros arriba del arco que forman el comienzo de los dedos de los pies. Tenían tan pocas puestas ya que son zapatos de fiesta.

Recuedo que dudé al comprarlos en Liverpool. Mil doscientos pesos por unos zapatos me parecía demasiado. Pero mi mente me saboteó con "para darme mis gustitos me rompo el culo en el trabajo", "Están en oferta", "son del color exacto del vestido", etc. Los compré y bailé y bailé. A pesar de la altura, agarraban bastante bien mis pies y cumplían con su función de levantar las nalgas. Yo confiaba en esos zapatos... hasta ese sábado 20 de agosto de 2011.

Como la boda era fuera de Querétaro, me vestí hasta el hotel. En cuanto me puse los zapatos, supe que algo estaba mal. Me apachurraban el dedo chiquito de más y el tacón estaba como chueco, porque a los pocos pasos casi azoto. Para cuando la misa bodorrial terminó, tenía los huesos de mis pies molidos. Caminaba como espinada y la elegancia de mi vestido y peinado de salón se perdía. Necesito unos zapatos nuevos y unas gorditas, le dije a mi Maridaje. Como el héroe que es, me cargó hasta el coche y partimos a la ciudad de San Juan del Río en la búsqueda de unos zapatos y unas gorditas de guisos.

Mi presupuesto era de doscientos pesos. Con unas sandalias plata me conformaba. Entonces los ví. Unos tenis del color azul de mi vestido. Cómprate esos me dijo mi Maridaje. Usar falda (o vestido) CON tenis es en contra de mi religión le contesté. Pero mi mente decidió sabotear a los plateados: por el mismo precio, cómprate algo que te vas a volver a poner.

Así que salí de la zapatería, con vestido de reinita y tenis de 250 pesos. (Una vez, me compré un traje de baño de 1200 pesos y chanclas de 20 varos)

Bailé toda la noche. Pisoteé a los de junto y brinqué la versión en chinguiza de payaso de rodeo. La fiesta estuvo tan buena, que hay pedazos de la noche que no recuerdo. Mi Maridaje y yo amanecimos en otra habitación y vomité dos veces (la segunda después de nadar). Win total.


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