jueves, 21 de octubre de 2010

Mi objetivo en la vida es conocer chicas lindas.


No.  Yo no escribí ese objetivo.  Lo leí en el currículum de un chamaco que quiere entrar al área de QA a la que le doy asesoría.  Por supuesto, me reí y tiré el papel a la basura. 
Camino a casa, me quedé pensando en el computito caliente.  O el tipo es muy tonto o tiene muchos huevos al poner eso en su “pasaporte al cambio de vida”.  Existe otra tercera opción: que el individuo sea inocente.  Y no lo digo en el sentido de “idiota”.   Lo digo en el sentido que no está maleado.
Crecemos, cogemos y nos hacemos “responsables”.  Vejez dicen unos.  Cansancio dicen otros.  La verdad es que comenzamos a tener miedo.  Miedo a perder lo construido, a que nuestra imagen se dañe ante la familia y amigos.  Miedo a quedar como idiotas. 
Llega una edad -casi siempre a los 25- en la que se espera que esas idioteces se queden atrás.  El equivocarse antes de los 25 se justifica: “esta chavito”.  Equivocarse a los 40, es una crisis de la edad.  ¿Qué estaba pensando en ingeniero?
Por eso, “maduramos” pisando sobre suelo firme.  Encontramos nuestro lugar en el mundo y puto el que se quite.
No llamé al chamaco a entrevista.  En realidad, está más para programador y ni modo de quemarme.

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