viernes, 23 de diciembre de 2011

Otra vez, Oaxaca

Tenía cuatro días de vacaciones y ronchas en la espalda causadas por una intoxicación de gorditas queretanas. Necesitaba masajes, agua termal y comida sana. ¡Ixtapan de la sal!, pensé. En esos balnearios tuve una infancia relajada, feliz y enlodada. Mientras investigaba hoteles, un tuit de algún escritor o editorial me informó que en Oaxaca estaba la Feria del Libro Independiente. Le pregunté a mi Maridaje que si no le importaba cambiar masajes en la espalda por una maleta en la espalda retacada de libros. Estuvo de acuerdo con el sacrificio. Compré los boletos por internet y, al día siguiente por la tarde, partimos a la central del norte de Chilangolandia.


Llegamos la madrugada de un miércoles. Maldormí medio torcida y toda congelada en esos horribles autobuses ADO. Por culeros, esos autobuses merecen un post aparte. No habíamos reservado hostal y no me apetecía llegar a la pensión de la vez pasada. Ahí no hay internetz para mi smartfon, le dije a mi Marido, al mismo tiempo que acariciaba la hermosa pantalla de mi recién comprado Ideos. Compramos un café y nos pusimos a buscar hostales en mi celular.


Apenas había pasado un año desde la última (y única hasta ese momento) vez que fuimos a tragar a Oaxaca. Así que las calles cercanas a la central de autobuses nos eran conocidas. Con los hostales marcados en el mapa del centro histórico de la revista de viajes, nos pusimos a caminar. Pasamos 2 o 3 hostales y nos quedamos en uno que nos dejó a 350 pesos las 4 camas de una habitación. Además, la pila del smartfon estaba por valer madre.


Puse a cargar el teléfono en lo que esperábamos una hora decente para ir a almorzar. A las 7:45 nuestras tripas nos obligaron a mover el culo. En el viaje anterior, prácticamente no salimos del 20 de noviembre, el mercado de comida. Esta vez, decidimos caminar un poco más y fuimos al Mercado de la Merced. Justo antes de llegar, vi una blandudería. No se llaman así, pero es donde las señoras hacen las blandas y las tlayudas. Son esas tortillonas de 40 centímetros de diámetro en las que se come tasajo o con las que se desembadurna el mole del plato. ¿Te imaginas una de esas con quesillo?, le dije a mi Señor. Corrimos al mercado.


[singlepic id=329 w=180 float=left]Encontramos la zona de comidas con facilidad; es donde la gente está gritando platillos: Memelas Tlayudas Enchiladas Coloradito Co nCostilla Chocolate de Agua Atole Quezadillas Pan de Yemaaaa! El acoso es sorprendente, pero nuestro colmillo mercadero nos hizo quedarnos con una doña que hablaba con diminutivos «¿Qué le sirvo güerita? ¿Un chocolatito con panecito?» Pedimos dos; uno con leche y otro con agua. Y comenzamos a sopear. Amo el chocolate de Oaxaca; preparado con leche bronca, canela, espumoso y servido en jícaras. De intermedio, memelitas con quesillo. Enfrijoladas con costilla y enchiladas para terminar. Café de olla pa´que resbalara.


Regresamos al centro y nos paseamos sin detenernos en los stands de la feria del libro. Dos pasillitos de puestos de libros. ¿Qué es exactamente una feria del libro independiente? ¿Son editoriales independientes? ¿Escritores sin editoriales? Aún no sé. La cosa es que había muy pocos stands; sólo dos librerías «grandes» y la editorial anfitriona (Almadía). El resto de los stands eran libros usados, música y juguetes y libros para niños. Y nada con descuento. Los eventos fueron escasos y casi ninguno con público entusiasta. Y lo peor: algunos de los escritores que estaban anunciados, no iban.


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Cultoroseando con Fadanelli y Ripstein


Para curar nuestras penas, tasajo recién asado. En nuestra visita anterior, lo comimos sólo en tlayudas. Ya el último día descubrimos un pasillo en el 20 de noviembre con un enorme asador que te lo cocinaba al instante. El tasajo es carne de res delgada y suave. La asan al momento y puedes acompañarla de frijoles, cebollitas, etcétera. Lo devoramos entre el olor a tripas tatemadas y humo de carne asada. Con tortillas blandas y chiles de agua con limón.


A la mañana siguiente decidimos caminar alejándonos del centro. Lo bautizamos «El tur de las iglesias y las librerías» y subimos por Independencia hasta la Basílica de la Soledad. Aunque no había tantas librerías, las iglesias fueron un buen fondo para fotos de besos de lengüita. Me enteré que en una de esas iglesias se casó Benito Juárez. Supongo que lo ateo y liberal le salió después. La revista-guía presumía unas deliciosas nieves en La Soledad, pero me engañaron. Lo que sí, el templo está bonito.


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Manzaneros ligando


Volvimos al zócalo para comer memelitas en el 20 de noviembre y comprar vestidos típicos a mi sobrina. Y —claro— mole, mezcal y chocolate para invitar a los amigos en Querétaro. El aire nos enfriaba los cachetes por las noches, pero nada que no pudiéramos soportar con la superchamarra anti autobuses ADO. Así que no faltamos a los eventos al aire libre que había organizado la feria y a alguna cantina recomendada por una tuitera (¡gracias!) .


En nuestro último día, decidimos ir a Mitla. Tomamos un autobús a la central de segunda y ahí esperamos el camión de 14 pesos a Mitla. El recorrido dura poco más de una hora. Mitla es un pueblito dedicado a la producción de mezcal artesanal. Tiene una zona arqueológica mezclada con una iglesia española y unas moto-taxis de lo más lindas. Después de comer las rigurosas quesadillas, tomamos una moto-taxi a la zona arqueológica. Hacía calor y estábamos cansados, así que compramos unas nieves. Esta vez, de-li-cio-sas.


[singlepic id=328 w=300 float=left]La gente en Mitla es muy amable y tienen un acento lindo. Supongo que es por hablar zapoteco (¿o mixteco?). Lo hablan entre ellos y mezclan algunas palabras en español. Las doñas de las quesadillas hablaban de la pelea del Márquez y Paquiao el que sería esa noche.


No podíamos decidir sobre viajar a Hierve el Agua o no. Hierve el Agua es una zona de manantiales y rocas. Tranquilo, natural, soleado; el día de campo perfecto. Pero no traíamos traje de baño y ya era un poco tarde. Son casi 1.5 horas desde Mitla y hay que sumarle una hora de regreso a Oaxaca. Además, aquella noche regresábamos a la capital. Por nuestra indecisión, el transporte colectivo se nos fue. No hay autobuses, son unas nisán de estaquitas cubiertas en la parte de la caja en las que unas tablas simulan un asiento. Tampoco tiene horarios, hay que esperar que se llene la camioneta para salir. Esperamos una hora y nos dio hambre. Así que regresamos a Oaxaca en taxi colectivo.


Resulta que por 20 pesos puedes compartir un taxi-tsuru con alguien más. Aún no estoy segura si son más cómodos que los camiones pero hay más salidas. De vuelta en Oaxaca, el hostal nos dejó usar sus instalaciones para llorar por nuestra inminente vuelta a la realidad.


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Realistas contra negros


En nuestra primera visita a Oaxaca, había plantón de maestros en pleno zócalo. Algunas calles olían a miados y nos despertaron de madrugada los petardos de los manifestantes. Aunque era verano, hacía frío por la lluvia. Esta vez, el centro estaba iluminado y la gente disfrutaba de sus andadores. Me llamó la atención la cantidad de policías en la calle, sin embargo, no me enteré (o vi) algún incidente.


La segunda vez que visitas un lugar se siente distinto. Está la ventaja de que ya sabes moverte, repites lo que te gustó y evitas lo que no. La desventaja es que puedes caer en lo mismo. Y aunque irnos a meter a la Papelera Escolar a ver libros es un imperdible, recorrimos más calles y nos sorprendimos con más sabores. Volvimos a Santo Domingo, pero ahora había unos realistas matando negros y una boda con fuegos artificiales. Como también había un festival de música, escuchamos a chavos trompeteros en el mercado y en la plaza. Descubrimos una familia de ratones en las jardineras y a los locos del centro. Vimos al Cochiloco bailar con su mujer a ritmo de Paté de Fua.


Es la segunda vez que lo digo: vayan a Oaxaca, no se van a arrepentir.


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7 comentarios:

Reyna dijo...

Hacía tiempo no te leía. Me encantan tus posts culinarios, me haces recordar que uno de los placeres-pecados de la vida que más disfruto es la comida... y si se trata de oaxaca, podría ir al mismito infierno sin chistar :)

k dijo...

Y esta vez no hubo chupe? porque un mezcalito hubiera estado perfecto.
Curioso ayer me tome un par de tragos de mezcal con gusano en una ciudad que nunca pense tuviera este tipo de bebeidas (toronto).

Oh Tasajo. Recién tuve un duelo de tasajos vs cecina de Puente de Ixtla y ganó el tasajo, por muy poco. Ya al final decidí que lo que ganó fueron las panzas de los que hicimos de jueces. Una de las características rifadoras de tus posts es dijo...

Comment

... que se queda uno cn la idea de que no hace falta llevar cargando en el equipaje un patas de hule para poderse mover. dijo...

Comment

Rox dijo...

Reiniux :) besos
k: ya casi se me termina el que traje :(
Y así, es. Nomás la mochila con sueteres y la panza alegre.


Saludos!!

Las Chido/Culeras Crónicas Culinarias de Culituerto y Culimocho: Oaxaca. | No le cuentes a mi madre dijo...

[...] A Oaxaca. Leyendo los posts de Rox sobre el tema y consultando un diccionario Zapoteco-Esperanto he concluído que Oaxaca quiere decir “Lugar [...]

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