jueves, 8 de diciembre de 2011

Sueños


Cuando desperté, era narco.  O algo parecido.  Había balazos y yo cuidaba un maletín con dinero.  Por eso digo que era del bando de los maloras. Dos días antes, mi viejo me había puesto los cuernos mientras andaba de viaje.  Y como tiene que ser, le dí unos madrazos recriminadores.  Le dije que porqué se había ido de viaje sin mí y porqué me puso los cuernos.  Y lo peor: porqué me lo confesaba, pinche cínico que no aguanta con el cargo de conciencia.  Quién sabe cuándo, Scampi corría y corría.  Y yo tras de él en chingaloca.  (Por cierto: con el frío, ahora duermen en nuestro cuarto.  En su colchón, pero en nuestro cuarto)
Antes, cuando aún estaba en mi trabajo anterior, no soñaba.  Al menos, no recordaba sueños de ese tipo. Siempre soñaba con una solución incoherente a los problemas del trabajo.  Y no faltaban las pesadllas en las que las consecuencias de mis actos era la muerte computita.
Poco a poco, me adapto a la tranquilidad.  Y por mis sueños, supongo que mi cerebro también y ya no sabe que inventar.

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