viernes 7 de enero de 2011

La Recogeperros (Diarios del Fin del Mundo)

El lunes me llegan copias de la segunda edición de Diarios del Fin del Mundo. Además de los cuentos de la edición pasada, vienen nuevos cuentos:

21. COMISARIO Damián Carrillo
22. LA RECOGEPERROS Rox
23. LA HIEROFANTE Luis M. Osorio
24. LA SEÑORA NALGONA Guffo
25. FAMÉLICO Zónico
26. EJIDATARIO Manuel Iguiniz
27. CANDIDATO Andrei Vásquez
28. LOS QUE SE BESAN Luis M. Osorio
29. ASTRONAUTA Luis

Ahí les va un cachito del mío, que como anuncié, tiene sangre y perros.

La epidemia comenzó el mismo día que la menstruación. Un día antes encontré a la Negra. Acurrucada en una esquina, la perra trataba de no mojarse y al mismo tiempo evitar las patadas de la gente que caminaba con prisa. Nadie se detuvo ante esa mancha negra y temblorosa, supongo que por eso, la perra me miró con los ojos bien abiertos cuando de cuclillas, la acaricié. La Negra curveó aún más su espalda y aunque estaba tensa, me dejó levantarla.
Al llegar a casa, los gritos de mamá desde la cocina me anticiparon tragedia. Puse a la Negra en el piso detrás de un sillón y me dispuse a recibir su regaño. Mamá me recriminaba la tardanza, mojar el uniforme y remató con un “Y seguramente ni la leche trajiste”. Siempre pensé que mamá disfrutaba enormidades al remarcar mis faltas, por pequeñas que éstas fueran.
Apesta a perro mojado, ¿Qué trajiste? dijo mamá interrumpiendo su regaño. Y como contestando a su llamado, la Negra ladró. Mamá abrió la boca y encendió los ojos. Tomé a la perra y corrí al cuarto.
A pesar de los gritos desde la cocina, aquella noche no cené y sólo bajé de madrugada por leche para mí y para la Negra. Tampoco vi televisión, así que no me enteré que el Presidente había suspendido clases en cadena nacional.
Me desperté temprano, no quería tentar a mi suerte y hacer enojar a mamá por floja. Servía un plato de cornflakes cuando escuché los tacones acelerados de mamá bajar por las escaleras. Ya esperaba la continuación del regaño debido a la Negra, pero mamá pasó corriendo por la cocina y sin mirarme me informó que no había clases. Me ordenó que no saliera y escuché cómo el coche rechinaba las llantas. Agregué mayonesa al cereal y comí.

Los queretanos pueden apartarlo a rossymr@gmail.com y la siguiente semana los entrego en alguna cantina. (150 pesitos)

lunes 3 de enero de 2011

Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador

“Me siento como la Julia Roberts de la literatura” dijo Margo Glantz al recibir el premio FIL del año pasado. Tan curiosa fue la ocurrencia de la escritora octogenaria, que se repitió en todos los periódicos y sitios de internet que relataron los pormenores de la afamada feria de libros. En las fotografías, la autora se veía feliz, gozando su momento; como Julia Roberts cuando ganó el Oscar.

¿Quién es esa señora que se compara con una artistita hollywoodense? ¿Por qué, cuando tanto escritor toma una pose de intelectual incomprendido, esta viejita sale con banalidades del espectáculo?

En Colofón encontré “Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador” y comencé a leerlo. Media hora después, ¿la autobiografía? ¿el ensayo sobre los zapatos? ¿el conjunto de viajes, quejas y enfermedades de una señora bien? me tenía atrapada.

Por supuesto, compré el libro. En “Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador” encontré, antes que nada, libertad. Libertad de género literario que comprueba que lo que está hermosamente escrito no necesita la etiqueta de ensayo, novela o crónica. Libertad de una mujer que relata, cómo transcurrió su infancia entre zapatos de segunda, cómo nació su amor-rechazo por los zapatos de Salvatore Ferragamo y por qué es importante que ella, Nora García, se siente a escribir utilizando zapatos de diseñador. Libertad de narrar: lo mismo nos cuenta de sus perros muertos, de sus viajes y residencia en Londres, que de sus amores fallidos, de tener sexo mientras amamanta a su hijo (y masturbarse cuando se acuerda) y de la angustia que le provoca una mamografía. Margo Glantz utiliza lo mismo un chingado, que palabrería en francés e inglés. Revuelve palabras, las desbarata, las analiza, las reconstruye.

Además de la libertad, celebro la inteligencia y el sentido del humor de la autora. Los zapatos de diseñador, es un tema frívolo, apto para revistas como Vanidades o Cosmopolitan. Pero para la autora son el pretexto ideal para contar la historia de una mujer, el dolor de caminar, los lugares por donde anda, la salud de quien los porta. Margo Glantz no tiene empacho en utilizar referencias poperas como sex & the city, o burlarse de la baba que le escurre a la protagonista, Nora García, por culpa de una prótesis dental. Y es que como dice la autora en el punto 7 del primer capítulo del libro. “Es hora de confesar que esta historia es autobiográfica, y por tanto profundamente sincera.”

Buscando sobre la Glantz en internet, me encuentro que ella define su escritura como nómada. Que comenzó a escribir a los treinta y tantos y que sus textos tienen una alta dosis autobiográfica.

Desde ya soy fan de La Glantz y me maldigo por no haberla leído antes.