jueves, 19 de abril de 2012

Tremé y mi calentura

Una de mis obsesiones es la ciudad. La Ciudad con mayúscula, con nombre y personalidad propia. ¿Por qué Buenos Aires es diferente a Nueva York y al DF? ¿Cómo contribuye la gente a esa personalidad si todos somos tan diferentes? ¿Es un cliché hablar del fashion en París, de los asesinatos en Monterrey y de la vanguardia en Barcelona? Por eso, cuando me encontré con Tremé mi calentura citiadezca explotó.

Tremé es una serie de HBO que se localiza en New Orleans post-Katrina. Tres meses nada más, los suficientes para encontrarla desecha, abandonada y con gente necia aferrada a su ciudad. La historia la construyen dos elementos que se hacen uno: los orleaneses y la música. Podría con eso,sonar al mentado cliché: New Orleans = música (jazz, funk, blues) + comida + Carnaval (Mardi Gras). Lo que el cliché no incluye es el amor por una ciudad. Amor del bueno, cuando ésta te escupe y avienta. Cuando los que gobiernan se burlan en tu cara. Cuando los que quieres han decidido no volver a tanta chingadera.



Tremé es un barrio pobre, habitado principalmente por músicos y vividores. En una casa de madera de dos plantas y sin agua caliente (pero al menos tiene agua) vive David, un músico alegre, despilfarrador y mariguano que trabaja porque no le queda de otra. Tiene un amorío con Janette, una chef de las chingonas cuyo restaurante se jodió con el agua y no puede con los gastos de reparación. Ladonna tiene un bar y una de las tramas que le da el toque policiaco a toda la primera temporada: su hermano desapareció tras el huracán y ella lo busca con ayuda de Toni, quien es una abogada que se desvive por sus clientes. Toni está casada con Creig Bernett, un maestro, escritor e inmejorable maldecidor. Antoine Batiste es el exmarido de Ladonna, quien lo abandonó por ser músico. Además de infiel, irresponsable y despilfarrador (viaja en taxi sin importar lo quebrado que esté). Antoine (se dice Antuan) es 100 kilos y un trombón de carisma y encanto. Albert Lambreaux es el personaje fuerte, recto, que actúa siempre bajo sus principios morales. Le vale madre el gobierno, los vecinos o sus hijos. Él lucha por su Nueva Orleans. Es el respetado y seguido jefe indio. Annie y Sonny son una pareja de músicos callejeros. Y es la música, más que el sexo o la compañía lo que los une (y separa). Todos son unos locos enamorados de su ciudad.

Un table dance en el que las muchachas se quitan la ropita a ritmo del saxofón; un bar lleno de humo de cigarro y la banda desgarrando los metales; mariscos asados y con salsa caliente; los funerales seguidos de un alegre “second line”; la banda recibiéndote en el aeropuerto; una chica disfrazada de hada y hacer encantamientos; los huevos de aquellos que se enfrentan al gobierno; un video de youtube donde le mientan la madre a Estados Unidos. Esas son algunas de las escenas que amé de la primera temporada.


Y la música. Tienen que escucharla para entenderlo.

Durante los primeros diez capítulos los pinches escritores hacen que ames a los personajes. A través de cada uno, te cuentan cómo el gobierno se hizo pendejo sobre los diques que inundaron la ciudad. Cada uno lucha desde su trinchera (una cocina, un tribunal, unas casas sin servicios o un video de youtube) por salir adelante. Los vimos sufrir y apechugarle. Entonces llega el Mardi Gras y aprendemos de indios, bandas, cantos y desfiles que poco tienen que ver con la summerbreakezca enseñada de tetas por collares. Entendemos también, por qué existe la cruda de tanta felicidad.

Entonces llega el final de temporada con el flashbackazo más cabrón de la historia de la televisión: La mismísima Katrina.

Pinches pinches repinches escritores, mi corazón estaba bien apachurrado. El capítulo termina con una alegre banda de “second line”. A pesar del dolor, hay que tocar y bailar. Y eso, me hizo poner a Nueva Orleans en mi lista de lugares para ir.

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