miércoles, 7 de noviembre de 2012

En mi cuarto hay un gato encerrado


En realidad es gata. Lady Gata o Gatalina la peque (aún no sabemos cómo ponerle). Es una cachorra de dos o tres meses de raza siamés con punto de chocolate y de pelo largo. Eso me dijeron en la veterinaria. La recogí el lunes a medio día del estacionamiento de mi gimnasio. Estaba congelada y sus patas cafés un poco mojadas. Saqué la toalla del gym, se la eché encima y la agarré. No puso resistencia. La hice taquito en la toalla y volví a mi trabajo.

Lady Gata

No soy una loca de los gatos. Y no sé nada de los felinos. Por supuesto, no me la pienso quedar. Scampi es un asesino celoso que al primer descuido le abre la panza. Pero no podía dejarla ahí tirada. Y como no traía coche, no tuve otra opción que llevármela al trabajo.

La revisé, apretándole las patas para checar que no estuviera herida. Caminaba bien, aunque encorvada del miedo y frío. Maullaba mucho y su voz estaba un poco rasposa. Como se le sentían las costillas, la dejé en el baño y fui a comprarle un sobre de comida. Se la ofrecí en un plato desechable y la devoró.

Mi idea era dejarla en el baño; en la oficina sólo somos dos mujeres y cuando mi compañera la vio, dijo que no había problema. Sin embargo, chillaba mucho. Así que me pasé toda la tarde trabajando con una mano, porque con la otra le hacía piojito en el lomo. Sólo así chillaba más quedito.

Saliendo del trabajo la llevé con la veterinaria de mis Gazpachos; siempre me hace descuento cuando ando de recoge-perros. La gatita está desnutrida y con los pulmones congestionados. Le aplicaron una inyección para sacar los mocos de los pulmones, la desparacitaron y despulgaron. Le volvieron a ofrecer de comer, esta vez una lata de comida ultra-cara y le llegó. Con comida –de veterinario, nada de purina- y cobijas calientitas va a estar mejor.

Ahora, mi cuarto es el cuarto de la gata. Los Gazpachos saben que ahí hay algo encerrado. Pero no la han visto. Y eso que ayer la envolví en una toalla, me la metí a la chamarra y la saqué al parque, junto a mis hijines.

Es muy asustadiza, pero no agresiva. Se encorva y arrincona.  Al menos, ya no maúlla. Cuando la voy a agarrar, abre mucho sus ojos azules, pero no gruñe ni muerde. Ayer le apliqué la terapia piojitoria en su lomo y comenzó a ronronear.

Es muy extraño tener un gato. No sé si porque es callejera le valgo madre y no reacciona a mis palabras. Se hace pipí en las cobijas y pareciera que es feliz arrinconada. No sé cómo hacer que haga en su caja de arena o cómo jugar con ella. Así que bueno, ¡ayudaaaa locas de los gatos!

Y claro, si vives en Querétaro y la quieres, mándame un mail a rossymr@gmail.com. La entrego esterilizada, eso sí.




PD. Chiva, la perrita que recogí en abril, ahora tiene un hogar feliz; en Facebook se ve gorda y consentida.

1 comentario:

seorimícuaro dijo...

muyy lindto tu cuarto, quisiera uno asi