jueves, 7 de febrero de 2013

Vendí mi Almera y no chillé ni nada de esas mariconadas de hombres

El martes di de baja el Almera de Tránsito de Jalisco. El trámite fue muy sencillo y rápido. La verdad es que en la Unidad Administrativa las Águilas siempre me han tratado retebien. Hace un par de meses que el Almera ya no es mío. Se lo vendí a mis cuñadas. Una tarde, lo recogimos donde su mecánico de cabecera y les dijo lo que ya sabía: el motor y sus partecitas estaba chidas. Otra cosa era la pintura, que se cayó de la nalga derecha y un lado tenía enormes rayones. Fuimos a tomar una cerveza a La Castellana para festejar, firmé la factura, agarré el dinero y ya: el Almera no era mío.

Almera: no es mío.

No sentí nada. Ni siquiera porque fue mi primer coche y me acompañó durante 11 años. Qué pinche insensibilidad automotriz. El Almera no tenía nombre. Alguna vez le llamaron jerimóvil, pero yo nunca lo bauticé. Aguantó unos 9 años sin quejarse. Con afinaciones, cambios de aceite, llantas, amortiguadores y frenos seguía andando bien. De pronto empezó a rechinar de más al frenar. El tablero se le calabaceaba y supongo que la fascia también. En el año 10 le falló por primera vez la dirección y tuve que cambiársela. Lo último que le cambié fue el sistema del enfriamiento y la batería. Nunca lo hice queretano, ni siquiera cuando el Góber (mi amigo Pepe) empezó a pagar por uno la tenencia. Era mucho pedo. Pedo del que no me libré al comprar a Rojo (mi examigo Pepe)

Lo cierto es que el Almera fue un gran coche y, aunque sea una insensible automotriz, tengo la responsabilidad moral de hablar de él. Así que aquí va:

Compramos (en ese entonces estaba casada) el Almera porque mi mamá sacó uno igualito y me encantó. Habíamos estado pagando en AutoFin una cosa fea de la VW, pero Almera era automático (muy importante), 5 puertas, con aire acondicionado y estéreo con CD (guau). Cuando recién lo compré, no le ponía bien las luces. Creía que la posición normal eran las altas, así que andaba con sólo los cuartos en la noche. Después del divorcio, Palomito (mi perro LabMix) era mi copiloto: viajaba sentado superderecho, con la vista fija y atenta al frente. Ni los lavavidrios lo podían distraer. En el 2003 lo llené de mis chivas y nos mudamos a Querétaro. Comencé con lo que cupo en el Almera. Me acompañó a antros y pedas. Mis amigos lo manejaban por mí. Lo vomité unas 3 veces. Lo llené de borrachos mientras recorríamos la ciudad. Pasamos solos (Almera y yo) algunas madrugadas del domingo dando vueltas en Bernardo Quintana. Me llevó a Manzanillo y muchísimas veces a Guadalajara. En una de esas veces, le pisé hasta 160 y me detuvo un federal. Me dejó ir con sólo una advertencia. Casi no viajó al DF porque los policías son unos culeros con los coches extranjeros. Una vez me detuvieron cuando íbamos al aeropuerto. Angélica y yo íbamos a Europa y querían que hiciéramos escala en el corralón. Nos dejaron ir sin mordida (tal vez no son tan culeros). Otra vez entré al DF cuando era mi día de no-circula. Tuve que abandonarlo en Izcalli y volver por él a las 12 de la noche. Iba con una perra recogida, así que tomé un taxi pirata para que me llevara a casa de mi abuelo. Creí que el Don me iba a violar, matar y volver a violar ya que manejó por lugares perdidos de buda, pero sólo me dejó a la entrada de la colonia: no quiso entrar al DF. Con Gazpacho, el asiento de atrás se llenó de pelos negros. Con Scampi, las orillas quedaron rayadas con sus uñas. En el 2005 una pedrada le hizo una grieta en el parabrisas. Cuando volví de España, el vidrio estaba compuesto. Pobre Almera, sólo mi papá lo sobaba con cera y le lavaba las vestiduras. Yo apenas y lo bañaba. Un día se le descompuso la alarma y nunca se la volví a poner. El CD también chafeó y mejor le puse una chunche que manda al radio lo que toca el MP3. Los pinches escuincles de la prepa me lo rayaron cuando vivía en el cerro. Cuando Ricardo y yo nos arrejuntamos, no quería que lo manejara. No me gustaba ser la copilota; no me gustaba perder el poder. Poco a poco fui “poniéndome flojita” en la manejada y muchas cosas más. Nunca lo golpeé gacho. Sólo tenía un raspón oxidado en una de sus puertas. Eso sí, se le descarapeló la pintura cerca del vidrio de atrás. Como que es un defecto de fábrica; he visto varios almeras así. 

Mañana llevamos a Rojo a su servicio de 10,000 kms (qué rápido crecen, snif) y aún no me acostumbro a la dirección manual. Justo ayer, se me apagó dos veces de subida y pensé en el Almera, mi coche de señora, snif. A la primera pendejadita mecánica de Rojo y vuelvo por Almerita, bua.

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