lunes, 13 de julio de 2015

Íbamos a Ensenada a comer, pero nos quedamos en Tijuana

¿Y a qué van a Tijuana? Me preguntaban aquellos que se enteraban de nuestro viaje. Pues a tragar, contestaba sobándome la panza.

Mi manera de viajar ha cambiado desde el 2001 cuando me hice adicta a agarrar la mochila y largarme. En aquellosh añosh era más pobre y menos sabia, por lo que me conformaba con ir al súper y comer jamón, pan y yogurt.  Guisaba mi pollito en los hostales y me daba el gusto de una cenita o dos.  Pero desde que mi maridaje y yo estamos juntos, nuestros viajes se convirtieron en comer tragar hasta sentir un calambre en el ombligo.

Por eso es que elegimos Ensenada; mi compi Anthony Bourdain nos habló maravillas de su cocina Baja Med, los vinos del Valle de Guadalupe y la cerveza artesanal. Pero el avión llegaba a Ti-yei, nos enamoramos de la city y Ensenada sólo tuvo un día de diez.  Como sea, esta es la lista de las mejores tragaderas del viaje.

1. Tortillas de harina con frijolitos y langosta (Puerto Nuevo)

El penúltimo día de viaje fuimos a Puerto Nuevo, un pueblito en el que lo único que hay son restaurantes de langosta; eso no nos molestó, ya que a eso íbamos. Los langosteros acosan a los turistas sólo mientras pasas por la banqueta de su negocio. Tienen prohibido perseguirte y los precios van de 15 a 17 dólares por 4 mitades de langosta, frijoles, arroz, tortillas de harina y margarita.
En la terraza del restaurante que elegimos estaba una pareja de güeros y una familia de old-gringos-mexicanos. Por las conversaciones con el mesero nos dimos cuenta que eran clientes frecuentes y eso nos hizo sentirnos optimistas sobre nuestra elección.  Primero llegó la tortilla de harina y los frijoles y como estábamos muertos de hambre, le entramos con gusto. Con la primera mordida casi lloro. Era el sabor de las tortillas de harina que mi abuelita Cuca hacía en su cocina y por la que mis primos y yo peleábamos por tener la primera. La memoria lengual está conectada directamente con el corazoncito, snif, y por eso está en primer lugar.  La langosta estaba buena (a secas) y pedí tortillas para llevar.

2. Crepas de limón en Le Pinche Francés (Ensenada)

El domingo llegamos a Ensenada sólo para enterarnos que el lunes y martes cierran todos los lugares de tragadera. Y aunque teníamos la panza llena de tacos capeados de pescado y camarón, tuvimos que resignarnos y salir a cenar. Elegí Le Pinche Francés de TripAdvisor, por la sopa de cebolla y el camioncito coqueto. Nuestro hotel estaba en el centro y tomamos un camión a las playas. Cuando llegamos, un morenazo con acento francés, quien era dueño y chef del lugar, nos guió por su menú. Pedimos vino tinto.  Llegó la sopa de cebolla con su panecito y el plato fuerte (Boeuf Bourguignon) carne con una salsa de vino o algo así, verduras y ahhh un gratinado de papa de-li-cio-so. Platicamos un poco con el chef, sobre Ensenada, México y Querétaro. Nos dijo que tenían ya dos años ahí, que le encantaba la vida tranquila y la cantidad de ingredientes y vinos que hay en la región. La plática estaba muy buena y nos ofreció unas crepas de limón. Estuve a punto de no aceptarlas; estábamos llenos.  Pero bueeeeno, que es un poquito de harina y agua para dos. Resulta que los limones en Baja no son tan verdes ni tan amargos como acá en el sur. Aún las recuerdo y lloro.  Estaban tan buenas, que ni foto les tomé.


3. Tostadas de erizo con almejas y salsa de cacahuate en La Guerrerense (Ensenada)

La Guerrerense es un puesto callejero de tostadas de mariscos que es mencionado en todas las guías de viaje, todos los videos, todos los programas, todos los folletos... bueno ya entendieron. Son famosísimas y a ella acuden los chefs más reconocidos del mundo, los artistas y los antojadizos desde las 10 de la mañana. Fuimos dos veces ya que la primera vez era tarde y ya no había tostadas especiales, esas ganadoras de premios. En esa ocasión estaba doña Sabina, la mera mera guerrerense en su huipil. Sonreía y atendía a todos los hambrientos (hay congestionamiento humano en esa esquina) con calma y amabilidad. En esa ocasión probé de ensalada de jaiba, pescado con mango y chile y alguna de pescado. Volvimos a desayunar al día siguiente (por fortuna no cerraba los lunes) y ahí sí le entramos con gusto a las especiales. Esta vez atendía el hijo, y un chamaquito de unos cinco años, que supongo que era su hijo, estaba necio en atender.  La guerrerense es un negocio familiar en la que sus dueños son felices viéndonos disfrutar su comida.  Entonces sí, le entré a todas esas cosas crudas y raras que antes me negaba a comer: erizo, cayo de hacha, almejas, caracol, ostiones sin hacerle el feo a los ceviches, el pulpo y otra vez, la jaiba que me gusta harto.

4. Desayuno nutritivo en Alma Verde (Tijuana)

El día que desayunamos en Alma Verde fue el único que nos levantamos temprano. Era viernes y nos dirigíamos al Creative Mornigs, que comenzaba a las 8:30 am. Durante el evento, nos dieron a probar fruta con yogurt, jugos y mini-chapatitas.  Una vez que terminó la conferencia decidimos quedarnos a desayunar y fue la mejor decisión del día (y eso que ese día nos cambiamos a un hotel con wifi chida y fuimos a la playa). Alma Verde tiene toda esta onda nutritiva, ingredientes frescos y orgánicos, semillas extrañas pero extraordinarias (maca, espirulina, turmeric, chia, etc), jugos extraídos en frío para evitar romper las fibras, aceites con grasas desaturadas, platos verycute y adornados con flores. Son de esas comidas sencillas pero deliciosas en las que el servicio y los sabores valen cada dólar de la cuenta.

5. Noodle Soup y hamburguesa de chanchito en Colectivo 9 (Tijuana)

Existen varios colectivos en Tijuana en los cuales se unen varios restaurantitos de autor, todo siguiendo la onda del consumo local, indie, BajaMed, adornitos vericul, petfrendli, musicallejerus-frendli. Este colectivo esta en la Revu y por eso acudimos un par de veces. Yo probé comida japonesa y mi maridaje le fue fiel a las hamburguesas con tocino, carnitas y salsa BBQ. Puedes acompañarlo con esas aguas de sabor mezclado como piña-fresa-albahaca o mejor, una cerveza artesanal. Me quedé con ganas de pedir otras cosas, pero ni modo.

Otras tragaderas que no están en el top-faiv pero las recordamos con cariño (y no quiero seguir escribiendo porque en mi casa sólo hay lechuga y queso y eso hace que mi pancita esté llorando)

Obviamente, en 10 días de viaje comimos mucho más.  De Ti-yei me sorprendió que supieran taaaan bien la birria y las carnitas. Ya sé, cómo viniendo de Guadalajara y de Querétaro ando comiendo eso. Pues qué les voy a decir, hasta comí alitas porque estaban a 20 x 67 pesos.  De madrugada, no le hicimos el feo a los burritos de hielera o a la chinita que vendía wuantonli. Por cuestiones del destino, comimos mucha pizza y sin duda, la de la playa estuvo deliciosa. En Tecate, nos sorprendieron las raciones. Primero creímos que era onda china esa de servir montañas de comida, pero no; el desayuno tradicional traía además de huevos, tortillas de harina y frijoles, papa hash brown y chilaquiles. Y el vazote de agua de Cebada.

Bueno, espero los lectores de este 3 veces H. Blog se hayan quedado con envidia y si no, no se pierdan el siguiente post que llevará por título: Sexo, Drogas y Banda Norteña: las aventuras de una provinciana por la Revu y la Cawila.

3 comentarios:

Unknown dijo...

Tomaré en cuenta tu top five, excepto la langosta en Puerto Nuevo ( no me gustó tanto), vivo en Mexicali, así que todo queda relativamente cerca :)

Mar dijo...

Muy buen top.

La langosta en Pto Nuevo solo me gusta en el restaurante Pto Nuevo #1 que esta en la avenida principal, lo malo es que siempre hay fila de al menos 1hr, pero vale la pena.

Y entre todos esos tacos me sorprende no ver los Kokopelli, son buenisimos.


¡Saludos!

Rox dijo...

Unknown: Que envidia! disfruta :)
Mar: Lo malo fue haber ido sin preguntar. No vimos ninguno lleno ese día, era entre semna. Anoto esos tacos para la próxima :)

Saludos!